Cinco (5) principios básicos de medicina que todo escritor de novela negra debería conocer.

por | Abr 20, 2016 | Opinión, Reyes_Osvaldo | 0 Comentarios

Les tengo una pequeña prueba. Lean el siguiente fragmento de un cuento y traten de descubrir cuantos errores hay. No me refiero a gramática, elección de palabras o colocación de signos de puntuación. Ni siquiera de la musicalidad del texto. Hablo de errores obvios. Mentiras, falsedades. Cosas imposibles. Fantasía en beneficio de la trama.

Mi venganza estaba tan cerca que casi podía saborearla.

La mujer responsable de la muerte de mi hijo a solo unos pasos. La estudié, protegido por las sombras. Era joven, de unos 25 años. Dos años menor que yo y con todos los conocimientos de la ciencia en su cabeza.

Ella y el médico eran responsables de todas mis desgracias.
Todavía recordaba el día que dijeron que moriría. Que no pasaría de los 20 años. Les dije que no me conocían. Que era un luchador. María les aseguró que así era, pero ellos no quisieron escucharnos. Cuando María se enojó y les dijo sus verdades, ellos se mantuvieron impávidos.
– Mi esposo vivirá – ripostó con rabia – Sea lo que sea esa Parálisis de Duchenne, él la vencerá. Ya verán

 María, la eterna optimista. La que se rehusaba a pensar que su amado esposo podría morir, dejándola sola para cuidar a su hijo. En la oscuridad de la habitación la recordé como si estuviera parada en esa oficina. Molesta, gritándoles que eso no podía ser verdad. Pude calmarla. La dejé ventilar su rabia y siempre lamentaré esa decisión.

La enfermera fue la culpable. Se acercó para tratar de controlarla y ella reaccionó empujándola. María se le fue encima y en el forcejeo la enfermera la golpeó en la boca del estómago. No fue hasta ese momento que reaccioné, pero ya era tarde. La vi doblarse y cuando miré hacia abajo, el piso estaba lleno de sangre.

Nuestro hijo murió. No tenía ni las ocho semanas. Nunca sintió el cariño de su madre. María se deprimió tanto que dos días después se descuidó al cruzar la calle y un camión la atropelló. Quiero pensar que fue eso. Quiero pensar que no lo hizo a propósito. Han pasado nueve años desde ese día. A pesar de todas sus advertencias y malos augurios, sigo aquí. Vivo, sin María y sin mi hijo. Gracias a ellos.

El doctor debía estar muriendo en ese momento. Coloqué una dosis considerable de veneno de coral en su café de la mañana. Le di la taza cuando la fue a buscar al restaurante como todos los días. Me dio las gracias y se fue.

Destruyó mi vida y no me recordaba. Típico.

No me importaba perderme la muerte del doctor. La enfermera era algo distinto. Era personal.

Antes de que pudiera reaccionar me acerqué a ella. Le tiré el brazo alrededor del pecho. Un abrazo que la inmovilizó y me permitió colocar el filo del cuchillo sobre su cuello. Con un movimiento rápido deslicé la hoja de izquierda a derecha, cortando ambas yugulares. La sangre salió despedida en dos chorros que ensuciaron mis guantes, pero eso me tenía sin cuidado. La sentí perder fuerza con cada nueva pulsación.

La dejé caer a mis pies. Me arrodillé a su lado y la hice girar para poder estudiar su rostro. Jamás había visto a alguien morir y era una oportunidad que no pensaba desperdiciar. El corte había sido tan profundo que sentí la hoja rozar el hueso de la columna.

La joven hizo un esfuerzo por abrir los ojos y verme. Sus labios se movieron, como si tratara de decirme algo. Me acerqué, mi oreja casi posada sobre los labios de ella. Me costó trabajo distinguir las palabras, pero estaba casi seguro de haber escuchado la frase y un escalofrío recorrió mi espalda.

– Lo recuerdo. Ahora jamás sabrá la verdad – dijo antes de morir.Articulo

Los párrafos anteriores no pertenecen a un libro publicado. Los escribí para este artículo. Describen un evento que cualquier escritor podría considerar poner en las páginas de su manuscrito. Ese bloque de papeles que va creciendo con el correr de los días y que espera se convierta en el próximo best-seller. Lo malo es que, aun cuando lo consiguiera, muchos lectores no lo perdonarán. La mayoría de los aficionados al género negro tienen poca tolerancia a un trabajo chapucero. Hay mucha oferta, grandes historias que piden ser leídas, para perder tres o cuatro días en uno mal investigado lleno de errores obvios. Si su lector se da cuenta le puedo garantizar que es poco probable que vuelva a comprar uno solo de sus libros. Multiplique ese efecto gracias al poder de las redes sociales y se puede imaginar el desastre que eso representa para su futuro como escritor.

Lamento decir que no serán los primeros ni los últimos. A lo largo de mi vida (como aficionado acérrimo del misterio y la intriga) me he topado con un buen par de ejemplares plagados de faltas elementales. Muchos no requieren grandes conocimientos de medicina y son detectados con facilidad. Si uno escribe sobre un tema que no conoce, es de esperar algunas fallas. Me imagino que de eso nace una de las primera reglas que encontré cuando empezaba este arduo (y divertido) caminar por el sendero de las letras. Escribe sobre lo que sabes. Mi primer libro (El Efecto Maquiavelo) es sobre un asesino de embarazadas. Soy médico, obstetra y me gusta el género negro. El resultado caía de su peso.

Mis siguientes libros no tienen que ver con medicina, por lo que entraba en el terreno de lo desconocido. La regla sigue aplicando. Escribe sobre lo que sabes. Si va a tener un personaje que es un físico termonuclear, tiene que investigar el tema. Si no puede o no le interesa, cambie de personaje o modifique la historia. Jamás escriba sobre un tópico sin conocerlo (de forma personal o por un extenso trabajo de búsqueda, ensayo y error).

El propósito de este artículo es ayudarlos a ustedes, colegas en sombras, sangre y tinta, para que no cometan los mismos errores que otros han osado plasmar en papel. A continuación, cinco principios que no deben olvidar (todos presentes en el cuento que leyeron al principio).

1. Las arterias pulsan. Las venas no pulsan.

Parece algo obvio, pero no lo es. Creo que es el error que he visto con más frecuencia. El asesino corta las yugulares de su víctima y la sangre empieza a pulsar. Las yugulares son las venas que traen la sangre usada por el cerebro de vuelta al corazón y luego al pulmón para ser oxigenada. Al ser venas, no pulsan. Si el texto hubiera dicho las carótidas, todo sería diferente. Las carótidas son las arterias que llevan la sangre y el oxígeno hacia el cerebro. Como son empujadas por el corazón, pulsan al ritmo cardíaco hasta que el vital órgano falla por la pérdida de sangre.

2. El cuerpo es una máquina compleja llena de pequeñas y grandes piezas. Si dañan o lesionan una sección, todo lo que esté cerca también se afectará.

Regresemos con nuestro atormentado asesino. Sintió como la hoja llegaba hasta el hueso de la columna, pero minutos después escucha las últimas palabras de su víctima. Eso no puede ocurrir. Si usted corta el cuello de la forma descrita, seccionará las arterias, las venas, los músculos, los nervios, el esófago y la laringe. En la laringe están las cuerdas vocales. Si el arma lesiona los nervios que se encargan del movimiento de las cuerdas vocales (algo esperado con lo salvaje del ataque descrito) la persona no podría hablar, mucho menos si llega a lesionar las mismas cuerdas. Todo radica en la forma como usted describa la situación. Si el asesino hubiera usado un punzón para atacar a la enfermera, perforando ambas carótidas en el proceso, el final sería el mismo y tendría sentido (desde un punto de vista médico, por lo menos).

3. Una golpiza puede provocar un aborto.

Un solo golpe, poco probable (y depende de las semanas de embarazo). Por regla general se acepta que antes de las 20 semanas de embarazo (lo que sería un aborto) la altura uterina (medida desde el borde del hueso púbico hasta el fondo del útero) va acorde con la edad gestacional. Dicho de una forma más sencilla, si una mujer tiene 12 semanas de embarazo, la altura uterina será de 12 centímetros. Para la semana 20, el útero llega a nivel del ombligo. Si una embarazada es atacada por un conyugue abusivo y sufre múltiples golpes, es indudable que eso puede provocar un aborto (sin mencionar otro tipo de lesiones). Sin embargo, no puede pasar que un solo golpe en la boca del estómago provoque un aborto. El cuerpo de la mujer funciona como un poderoso armazón de protección para el feto, en caso de un golpe directo en el útero. Si su personaje tiene 8 semanas de embarazo, el golpe en el estómago no tendrá mayores repercusiones que las asociadas al área de impacto. No puede provocar un aborto y mucho menos de forma inmediata.

4. Cada veneno tiene sus peculiaridades. La Dama del Crimen (Agatha Christie) era una experta en el tema de los venenos. Cada uno tiene sus características y no deben asumir bajo circunstancia alguna. Ciertos venenos pueden ser absorbidos por la piel y otros deben ser ingeridos. El veneno de serpiente funciona si se inyecta, pero no si se ingiere (a no ser que tenga una úlcera). El punto que trato de hacer es que si van a usar un veneno, deben leer mucho: forma de presentación, forma de ingesta, efecto según la forma de ingesta, tiempo que demora el veneno en actuar, etc. Pueden creer que no es importante, pero lo es. Si los atrapan tratando de engañar, es expulsión inmediata. No hay excusas. Si les sirve de consuelo, el tiempo que demoren en investigar puede llegar a salvar una vida. Fue el caso de una enfermera que diagnosticó un envenenamiento con talio en una niña gracias a un libro que estaba leyendo: El Jinete Pálido (o el Misterio de Pale Horse) de Agatha Christie (anexo enlace para los que quieran conocer los pormenores del caso). Si ella no se hubiera tomado el trabajo, la niña en cuestión habría muerto. Recuérdenlo la próxima vez que tengan que investigar un tema para un libro. http://news.google.com/newspapers?nid=2245&dat=19770623&id=S8MzAAAAIB AJ&sjid=wjIHAAAAIBAJ&pg=3166,5190585

5. Las enfermedades pueden ser su salvación (o su perdición). Investigar es la clave. Recuerdo un capítulo de CSI (Escena del Crimen) donde el asesino sufría de diabetes y lo atraparon gracias a que un testigo recordaba su “aliento afrutado”. Luego, al sospechar de diabetes, lo localizaron por el medicamento que usaba justo antes de irse en un avión privado fuera del país. Recuerdo ese capítulo por dos razones. La primera: se dio la participación conjunta de los personajes de CSI Las Vegas y CSI Miami. La segunda: estaba llena de imposibilidades.

Empecemos con lo básico. Según la historia, el asesino tenía una Cetoacidosis Diabética (CAD). Es una complicación de la diabetes, pero es una que pone en peligro la vida del paciente. Requiere hospitalización (por lo general en una Unidad de Cuidados Intensivos) y tiene una tasa de mortalidad de hasta el 2%. El paciente con CAD se ve en mal estado general. Debilidad, nauseas, vómitos, alteraciones del estado de conciencia y coma son solo partes de los síntomas. Aquellos de ustedes que recuerden el episodio saben que el asesino se veía como si acabara de salir de un Spa cuando lo atraparon en el avión, tomando champagne y disfrutando de la buena vida. Los productores escogieron la enfermedad equivocada.

No me quedo allí. Resulta que el asesino pudo ser localizado gracias al medicamento que debía usar para tratar su CAD. No todas las CAD son en pacientes que usan insulina (no es tan frecuente, pero se pueden dar en personas que usan drogas orales) y hay múltiples tipos de insulina, de varias casas comerciales. Fantasía en beneficio de la trama.

Si una enfermedad es necesaria para que atrapen a un asesino (o ladrón o estafador) deben asegurarse que los hechos tengan sentido. Si no tiene sentido, cambien de trama o de enfermedad. No lo fuercen. CSI era una de mis series favoritas, pero episodios como ese siempre me dejaron un mal sabor de boca y a la larga se acumularon más allá de mi límite de tolerancia. No permitan que eso le pase a un lector con sus libros.

En el caso de nuestro cuento, la Distrofia Muscular Progresiva de Duchenne es una enfermedad hereditaria, ligado al cromosoma X. Solo se puede presentar en varones, así que esa parte está bien. El error es que los síntomas aparecen casi siempre antes de los seis años de edad y la imposibilidad para caminar está presente para los doce años. El asesino, con 27 años, debería estar ya paralítico o muerto (por la parálisis de los músculos respiratorios o del corazón).

Están leyendo este artículo porque son o quieren ser escritores. Felicidades. Es un camino largo y lleno de obstáculos, pero la recompensa vale la pena (siempre que la recompensa sea la satisfacción de ver a una persona disfrutando el fruto de su mente. Si es el dinero, consideren una línea de trabajo más fructífera y con menos trabajo. Buscador de tesoros es una opción aceptable). Cometerán errores, aunque sean obsesivos en un grado que raya la patología. Las equivocaciones siempre saldrán cuando el libro ya esté publicado y en manos del crítico más despiadado sediento de sangre. No pueden evitarlo. Acepten la realidad y sean felices.

Lo que sí pueden hacer es reducir las posibilidades y eso exige querer tanto su libro como para darle el esfuerzo que se merece. Stephen King en “Mientras escribo” lo dice mejor que nadie con dos sencillas frases:

• “Si quieres escribir bien debes trabajar como una mula. Si no, confórmate con tu mediocridad y da las gracias por tenerla a mano”.

• “La mejor manera de aprender a escribir es leyendo y escribiendo mucho”. El punto de leer se aplica a todo. No es solo leer para mejorar vocabulario o para aprender del estilo o las voces de otros expertos. Se refiere también a leer para que las palabras que salen de nuestro cerebro en dirección al teclado, pluma o grabadora tengan sentido. No escriben solo para ustedes. Lo hacen para un público.

Nunca lo olviden.

 

© Osvaldo Reyes - Para Solo Novela Negra. Todos los derechos reservados

Ginecólogo, Obstetra y reconocido escritor americano