Dorothy L. Sayers, una mujer innovadora en el género policíaco.

por | Jul 5, 2016 | Bolox_Ana, Miradas | 0 Comentarios

Dorothy L. Sayers, una mujer innovadora en el género policíaco.

En 1928, cuando trabajaba en la antología “Grandes relatos de detectives, misterio y horror”, Dorothy L. Sayers decidió incluir un par de historias en las la investigación científica desempeñara un papel fundamental en la resolución del crimen propuesto.

La escritora eligió dos relatos en los que aparecía como coautor el nombre de Robert Eustace, un médico que trabajaba en un hospital mental, en Northampton, y que los había escrito a cuatro manos, el primero de ellos con L. T. Meade y el segundo con Edgar Jepson.

Excitado su interés por estos dos relatos, Sayers invitó a comer a Robert Eustace, y de este almuerzo brotó una idea que brilló en la mente de la escritora como un árbol de Navidad. Especializada en las historias tipo Howdunit, Sayers aceptó el reto que Eustace le proponía y que no era otro que el de escribir un nuevo tipo de novela policíaca: una en la que el caso se resolviera a través de la ciencia.

El planteamiento a partir de la cual Eustace sugirió trabajar consistía en añadir muscarina, una sustancia que produce una intoxicación aguda en el sistema nervioso, mezclada en una comida en la que se incluyera algún tipo de seta venenosa que contuviera esta sustancia. La genial idea de Eustace se basaba en el hecho de que la muscarina producida de forma artificial era ópticamente inactiva, de forma que la única manera de diferenciarlas era preciso el uso de un polariscopio. Sólo así, el crimen podía ser probado.

A partir de ahí, mientras Eustace se ocupaba de la parte científica de la novela, Sayers trabajó en los personajes y el desarrollo de la trama. La escritora había dejado aparcado a su personaje, Wimsey, para concentrar toda su atención en este nuevo proyecto por el que, al parecer, su editor americano también mostraba un enorme interés. De hecho, fue tal, que Sayers propuso una campaña publicitaria en la que se publicaran fotografías suyas trabajando con su misterioso amigo, el científico, de quien sólo se vería la espalda.

Sin embargo, cuando el libro llegó a su fin, Sayers se sintió atemorizada. ¿Había escrito la mejor historia posible o la novela era susceptible de un desarrollo diferente, enriquecido, modernizado, embellecido…? Las terribles dudas del escritor anidaron en el alma de Sayers y,  cuando envió el manuscrito a Eustace, lo hizo convencida de que no había sabido construir la trama de forma tan brillante a como la concibió.

El desastre llegó cuando, después de publicada la novela, uno de sus lectores señaló que la resolución propuesta  para el crimen no era correcta. Entrevistada al respecto en la BBC, Sayers admitió que así era y que había cometido un error garrafal. Todo ello sin consultar con Eustace quien, mientras tanto, se esforzaba por refutar la acusación del lector.

Y, en efecto, Sayers había cometido ese error garrafal, pero no con respecto a  la resolución del caso que había propuesto, tal y como Eustace demostró finalmente, sino al apresurarse en reconocer un fallo que, al fin, no era tal. A pesar de ello, la relación entre la escritora y el médico cesó, y el intento de Sayers por dar a luz a un nuevo tipo de historia policíaca murió con esta novela.

Sin embargo, pese al supuesto fracaso de la novela de misterio que se resuelve a través de la ciencia, Sayers no dejó de innovar y, después de la publicación de “The documents in the case”, la escritora retomó las historias protagonizadas por el aristócrata Wimsey, solo que a partir de entonces lo haría…, sí, en efecto,  innovando.

Pero de ello hablaremos en un próximo artículo.

© Ana Bolox - Todos los derechos reservados

Profesora. Talleres literarios. Escritora. Redactora de Solo Novela Negra