El extraño caso de los pasivos cuadrúpedos

por | Sep 14, 2016 | Gracia Ortuño_Fernando, RELATOS, Verano - 2016 | 0 Comentarios

El extraño caso de los pasivos cuadrúpedos

Por Fernando Gracia Ortuño

 

rebano_de_ovejasPor lo visto, unos minutos más tarde de lo ocurrido en la cadena de envasado, aquella mañana nadie recordaba si los gritos exorbitantes, -supuestamente emitidos por la encargada, habían tenido lugar en realidad. No sólo debido al supuesto ruido de fondo de la maquinaria y del alboroto de voces, que aducían algunos, sino también porque no estaban por la labor de escucharla, puesto que la mayoría no la podía ni ver. Fue por consiguiente todo muy kafkiano, según adujo el Muelas, alias el Tontarra, como una amnesia generalizada poco creíble pero patente a pesar de todo. Sólo Froilán, alias el Escobilla, parecía, (incongruentemente), haberla escuchado ofenderlo mientras le azuzaba. Y eso que según él había gritado de lo lindo, con su malhumor acostumbrado. Esto, por mucho que desde un punto de vista extendido, hipotéticamente psicótico o psicopatológico, el mismo Froilán pudiera incurrir en alguna clase de inexactitud o incluso puro bulo, sin embargo, no dejaba de resultar sospechoso a lo ojos de cualquier miembro de la comunidad hortofrutícola ajeno a la cadena de envasado. Y es por eso que justamente aquél ambiente “típicamente enrarecido de los ámbitos laborales” que se trataban de instaurar desde el ministerio, según la conocida afirmación de este sujeto, (también supuestamente irritado o quemado, totalmente sobrepasado por la situación), no quedaba a pesar de ello en evidencia, sino por el contrario solapado a los ojos del mundo. Todo esto, claro… Según la opinión de Froilán, que conste; puesto que a los ojos de cualquiera de los miembros de la mesa sectorial de negociación del sindicato, por ejemplo, se opinaba todo lo contrario, centrando más bien el asunto en una “enajenación mental transitoria” del trabajador indignado, acompañada de un supuesto “shock post traumático laboral de brote claramente antisocial y fóbico al trabajo en equipo”, y, si nos ponemos estrictos, al trabajo en sí o en general.

Nada de esto, por otro lado, ni mucho menos con estos términos, estaba en boca de los presentes durante la mañana de autos. Por el contrario, todos ellos trataban de quitarle hierro al asunto, afirmando sin escrúpulos que se habían sacado las cosas de contexto, que se trataba de una actividad ordinaria en la cadena y que si los gritos se produjeron en verdad, tampoco representaban nada del otro mundo allí, que todos gritaban a todas horas ante el barullo sempiterno generalizado, y que si bien, por otro lado, los gritos e infamaciones furibundas aquella mañana habían excedido lo ordinario de una mañana cualquiera, nadie por lo visto se percató de ello por el mismo trajín centrifugado del trabajo.

Sea como fuere, el caso es que Fantoche, alias “El Jefecillo Primero de la Cadena”, encargado del control del calidad de los alimentos, no pudo siquiera dar una versión del hecho en sí, ni mucho menos otra acorde a los hechos verosímiles, desentendiéndose a la postre del asunto e incluso tildándolo de irrelevante e ínfimo lo acontecido. Tanto era así, que por eso mismo afirmaba con todo énfasis no recordar absolutamente nada de aquella mañana de autos.

Preguntado por el lugar que ocupaba cuando se sucedieron los hechos de los gritos locos y desaforados de la encargada de personal contra Fran, el Fantoche contestó resueltamente, como si aquello distase mucho de ir con él y su circunstancia:

-Francamente, si le digo la verdad, no escuché nada de nada, nada en absoluto. Ni mucho menos los gritos de la Malfollada, que así es como todo el mundo llama a la susodicha encargada. Es más, dudo que nadie escuchara nada tampoco, concentrados como estamos siempre en la cadena del envasado de los alimentos. Si no hubo gritos, como comprenderá, tampoco hubo negligencia de trato de la Malfollada… Esto es algo que se desprende de los hechos mismos… y de la verdad.

-Pero la Malfollada gritó, de eso no hay ninguna duda, por los testimonios sotto voce, primero de Froilán y después de alguna de las ayudantes que no pueden ver a la Malfollada ni en pintura o en foto de WhatsApp, pero que incluso así jamás declararían en su contra, por el terror tan inaudito en el ambiente tan generalizado de los tiempos que se corren libidinosamente. De eso no hay ninguna duda, y que conste, por el registro telefónico de la denuncia del encausado, mientras la ejecutaba en el departamento de personal, que esos gritos y esas ofensas inhumanas están grabados en el registro que el departamento hace de todas las llamadas entrantes. Lo que ocurre es que aquí nadie parece ni quiere saber nada.

-Sí…. ¡Pero qué quiere que le diga!  -se carcajeó mientras se encogía de hombros el Fantoche-, Desde luego, pueden estar grabadas todas esas ofensas y malos tratos psicológicos, pero el caso es que para mí no existieron. Son pura niebla, se volatilizaron desde el mismo momento en que se produjeron, por lo visto…

Y sonríe entonces con empacho, entreverado de solapada picardía, abriéndonos la puerta de su oficina, mientras bambolea ligeramente el torso, como dando con ello por zanjado el asunto.

La siguiente entrevistada es una mujer que justifica con creces el pretexto de su sobrenombre: La Tetona nos atiende en su casa abierta de par en par con una sonrisa, y se extraña muchísimo al principio, nada más abrir la puerta, de la existencia misma de un departamento de investigación laboral dentro de la misma cooperativa agrícola que hace oídos sordos y mira siempre para otro lado cuando alguno de sus cooperativistas tiene alguna queja o demanda laboral. Es una cooperativa muy especial, amoldada a los tiempos que corren, le replico. Tiempos de crisis, reducciones y amoldamientos de todo tipo, me responde retóricamente. Luego se asegura de que las conversaciones no serán grabadas. Tiene dudas, titubea, no está segura de las consecuencias de sus palabras y decide cerrarnos la puerta a la información. Era de esperar. A la hora de la verdad todos callan, por miedo a las represalias. Ya sabemos lo que decimos. Si hoy por hoy una persona pasiva o cuadrúpeda, con un puesto de trabajo más o menos fijo u estable, se deja llevar por sentimentalismos reivindicativos o simple sed de justicia, no vuelve a trabajar en el sistema cooperativista ni estatal en lustros, sin derecho a pagas ni indemnizaciones por inactividad, sin derecho a paro ni a nada en absoluto, aparte de la calle y la limosna de los turistas transeúntes venidos del impero germánico europeo.

¿Pero qué tenemos, entonces, a la postre?, le pregunto a mi compañero, el homólogo de la agencia estatal de investigación

-Este es el caso de Froilán. No hemos sacado nada en claro, nadie habla, todo va bien, se estancia, se queda en nada una vez más, la cooperativa puede seguir funcionando con los créditos adquiridos de este nuevo caso sin resolver. Se adapta a los tiempos. La cooperativa quiere sacarse el mochuelo de encima como sea, como esos funcionarios públicos de hospitales y centros sanitarios se quitan de en medio a la gente. Sacarse a la gente de encima es el objetivo primordial, es decir, enviarlos de un lado para otro lado todo el tiempo, darles otro teléfono, indicarle mal el camino a la resolución de su problema de salud. Exacto. He ahí la clave de la cuestión. ¿Que llaman al 061? Los parámetros funcionales del sistema, para pasarse la pelota, indican claramente el protocolo. Desviación de sujetos pasivos, como si de una perversión del lenguaje se tratara, hacia otros lares, se les facilita otro número, el del Cap asistencial de su barrio, y que ellos les envíen la ambulancia tan ricamente. ¿Que no lo consiguen de tal modo los sujetos pasivos? Pues si desde el Cap los remiten de nuevo al 061, se les reorienta a los sujetos pasivos nuevamente y que llamen al 012… Y así como en un círculo vicioso por lo menos los tenemos entretenidos para que no nos fastidien el desayuno, los tocacojones estos de los sujetos pasivos y/o cuadrúpedos.

-Hay veces, por eso, que consiguen llegar a su objetivo: llega la ambulancia puntual, y no se muere nadie. Bueno, son los denominados por nosotros casos puntuales, todavía. Así le damos propaganda al tinglado este infame, jejeje… Es una pantomima, un paripé, ya ve…

-Efectivamente, y estos casos que dan propaganda al sistema lo enaltecen a fin de cuentas, para que la gente se crea que están salvaguardados y protegidos con los ingentes impuestos que nos pagan. Como con el caso de esta pobre desgraciada, la Malfollada. Por mí que siga gritando y humillando, maltratando y zarandeando a esos pobres desgraciados de la cooperativa. Aprovecharemos para bajarle el sueldo al imbécil este del Froilán, para que se vaya con los soldados la próxima vez, y mantenga el pico cerrado.

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Escritor.

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