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Editorial Almuzara. Córdoba 2016. 405 págs.

 

 

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Santiago Álvarez (Murcia, 1973) reside en Valencia desde 2001. Es el director de contenidos del festival de género Valencia Negra. Se inició en la literatura escribiendo relatos, muchos de los cuales han sido premiados en diversos certámenes. Ha escrito, protagonizado y dirigido musicales y obras dramáticas, y ha grabado varios discos con distintos grupos y formaciones. Asimismo, imparte numerosos talleres sobre escritura creativa y es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener. La Ciudad de la Memoria fue su primera novela, y supuso el debut de su pareja de investigadores, Berta y Mejías, que han regresado de nuevo en El jardín de cartón.

Sinopsis de la obra

En marzo, Valencia arde. El fuego, la pasión y la fiesta se adueñan de la ciudad. Tras la primera mascletá, Mejías y Berta son citados de forma misteriosa por Gaspar Aparisi, empresario que les propone una búsqueda descabellada: encontrar los restos del único whisky producido en tierras valencianas, hace ya doscientos años. Mejías quiere rechazar el encargo, pero la recompensa es precisamente el dinero que necesita para saldar su deuda con Hacienda…

Tras su anterior La Ciudad de la Memoria -saldada con un notable éxito de crítica y lectores-, Santiago Álvarez recupera al memorable detective Mejías, envuelto en esta ocasión en su caso más complejo. La investigación le conducirá al corazón de la fiesta fallera, reflejo de una sociedad que esconde más de lo que muestra. Las raíces del asunto se hunden en el fango del pasado, escenarios sepultados por la culpa, el dolor y el odio. El Jardín de Cartón supone el regreso de Mejías y Berta a una Valencia actual y al mismo tiempo mágica, donde resulta difícil distinguir la frontera entre la realidad y la ficción. Esta nueva aventura obligará a la carismática pareja a enfrentarse con lo peor de sí mismos.

Reseña

El regreso de Mejías

La espera ha merecido la pena. Mejías está de vuelta, el trasnochado detective hijo de Santiago Álvarez vuelve a recorrer las calles de Valencia en pos de un caso tremendamente complejo, y lo hace en los días previos a las Fallas, cuando todo se paraliza en una ciudad que se convierte en un jardín de cartón (el título no puede ser más ilustrativo) antes de producir y lanzar al cielo las cenizas más caras del mundo.

Y no ha vuelto solo sino que, como era de esperar, sigue acompañado por la incombustible Berta, incombustible aunque con la paciencia algo más mermada debido a ciertos desplantes de su jefe que cada vez se le atragantan más. Parece como si Mejías, en esta entrega, hubiera sufrido un acceso de soledad y orgullo algo desmedido, además de las consabidas tentaciones de vender su dignidad al mejor postor porque las estrecheces que vive la agencia no parecen dejarle otro camino.

En cualquier caso, hay rasgos de la idiosincrasia del detective que continúan intactos, su pasión por el cine clásico (son magníficos los diálogos y referencias que abren cada capítulo), la afición a trasegar Laphroaig y la irresistible atracción por enfrentarse a los poderosos, llámense Dugo-Escrich o Lloret, tiburones que han hecho de Valencia lo que ha llegado a ser y a los que Mejías se enfrenta casi casi por obligación. En eso no ha cambiado mucho el detective, y lo demuestra con su mordacidad cada vez que tiene que encararse con el jefe del clan Lloret, que a la sazón es quien le ha encargado uno de los dos trabajos a los que se somete: vigilar una falla que ha sido amenazada. El otro trabajo que aguarda a la pareja, más gratificante, le toca la fibra sensible a Mejías, porque nada menos que debe encontrar una botella del único whisky elaborado en su día en tierras valencianas.

La guerra entre las familias Lloret y Fuster, el montaje de las fallas y todo lo que conlleva a su alrededor, las penurias económicas de una agencia que no levanta cabeza y los problemas de conciencia se convierten en los hilos conductores de una trama que se enrosca sobre sí misma, y en la que habrá tiempo para reír, encajar golpes, quejarse, traicionar y ser traicionado, hacer un rally por La Albufera (los méritos automovilísticos de Berta siguen intactos) y enfrentarse al fuego, tal vez no tan purificador como se pretende.

Eso sí, hay también secretos, y algún que otro guiño a los clásicos, se nota que Santiago Álvarez se toma muy en serio lo que hace, y que ha echado el resto en esta novela, así se respira en la marcha de la trama y en la manera en que ésta va mellando la resistencia de los personajes. Tal vez no se vuelva a pensar en las Fallas como hasta ahora después de leer este segundo caso de Berta y Mejías.

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TITULO RESEÑADO POR

© Antonio Parra Sanz . Todos los derechos reservados.

Profesor de Lengua y Literatura. Profesor de Escritura Creativa. Critico Literario. Organizador de Cartagena Negra. Corresponsal de SNN en Murcia