La heroína de mediana edad – Susana Hernández

por | Ene 20, 2017

Hablar de Susana Hernández es hablar de una mujer polifacética donde las haya. Ha escrito poesía, relato, novela, trabajado en diversos medios de comunicación como redactora, critica musical y en radio como locutora.

Sus novelas han conseguido premios importantes. “La casa roja” ganó el premio Ciudad de San Adrián 2005 y “Cuentas pendientes” el premio a la mejor novela negra en el Festival Cubelles Noir 2016 (finalista a la mejor novela en Tenerife Noir 2016, Salamanca Negra 2016 y Premios Novelpol 2016), y  “Contra las cuerdas” y “Cuentas pendientes” fue elegida mejor personaje de novela negra y policial 2012 en los Premios LeeMisterio.

Y por si esto fuera poco, el año pasado Susana nos sorprendió a todos escribiendo un guión para el teatro “El ascensor” que ha sido adaptado al cine. Esta mujer no para.

Hoy se sube a  Extrañas en un tren y para nosotros es todo un placer contar con ella. Gracias Susana.


 

LA HEROÍNA DE MEDIANA EDAD

 

En los últimos años, las series de televisión nos han regalado personajes femeninos relevantes, y en algunos casos, memorables: Kate Beckett (Castle), Temperance Brennan (Bones), Sarah Linden (The Killing), Carrie Mathison (Homeland), Stella Gibson (The Fall), Alicia Forrick (The Good Wife) por mencionar solamente a algunas. Las mujeres han ganado en la pequeña pantalla, la cuota de protagonismo que habitualmente les niega el cine en cuanto rebasan la barrera de los cuarenta, y a veces incluso antes.

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En esta edad de oro de las series, los ejecutivos de las cadenas han puesto su foco en el universo femenino, bien centrado en un personaje principal o de forma coral como en “Mistresses”, “Pequeñas mentirosas”, “Orange is the new black”,“Girls”, etc, herederas directas de “Sexo en Nueva York”, “The L Word” y “Mujeres desesperadas”. Con la excepción de la ácida “Girls” y “Orange is the new black” (ésta última por razones obvias, ya que la acción transcurre en una penitenciaria de mujeres) las demás series, tanto las actuales y las predecesoras, siguen las peripecias grupos de mujeres jóvenes, exitosas, que gozan de buena posición económica y lucen físicos espléndidos.

Un examen individual de nuestras heroínas demuestra que los parámetros apenas difieren. Si analizamos los personajes femeninos que protagonizan las ficciones de éxito reciente, resulta evidente que la inmensa mayoría de ellas son mujeres profesionalmente bien situadas, bellas y glamurosas (de acuerdo, de esta última categoría excluimos a Sarah de The Killing y su archifamosa parka), y también, en general, jóvenes puesto que no rebasan en mucho la treintena o, en su defecto, se mantienen en una forma física envidiable.

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Si bien es cierto que la presencia de personajes femeninos protagonistas visibilizan la realidad femenina, también lo es que muchas de ellas perpetúan viejos estereotipos. Por ejemplo, Beckett y Brennan, entre otras, gozan de la inestimable colaboración de sus compañeros masculinos que las complementan profesional y personalmente.

Carrie Mathison, la magnética analista de la CIA magníficamente interpretada por Claire Danes, representa una notable peculiaridad debido a sus problemas mentales y su explosiva personalidad, lo que no la exime de ser una mujer brillante, de éxito profesional y físico canónico.

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Gibson, la fascinante Superintendente de la policía metropolitana a la que da vida una estupenda Gillian Anderson en “The Fall” es una mujer que ostenta el poder en un mundo de hombres, pero no por ello pierde un gramo de elegancia, saber estar y misterio, aderezado con un atractivo sexual nada desdeñable. Es también una triunfadora. Categoría en la que entra por méritos propios Alicia Forrick, otro gran personaje. Una madre y esposa capaz de dar una vuelta de tuerca a su vida cuando ésta se viene abajo a raíz del escándalo sexual en el que se ve envuelto su marido. También Alicia es bella, viste de forma exquisita y se erige en el prototipo de triunfadora en un el leonino mundo de la abogacía.

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Y en éstas, aparece la sargento Catherine Cawood al frente de “Happy Valley”, con su terrible chaleco fluorescente, cola de caballo, ausencia total de maquillaje, unos kilos de más y un aire tan cercano de policía de pueblo que inevitablemente te recuerda a alguna vecina o a la agente de la policía local que modera el tráfico a la entrada del colegio. Bajo esta premisa, podría tratarse de un personaje afable, y plano, pero no lo es en absoluto. Todo lo contrario. Es un personaje construido de forma magnífica sobre la base de una presunta normalidad que se agradece en estos tiempos de obligada sofistificación, a veces tan cargante. De las mujeres protagonistas mencionadas al principio, hay una que emparenta lejanamente con Cawood, y es Sarah Linden la policía desmañada de The Killing. Es cierto, que como Catherine, tampoco Sarah es una mujer de belleza ni viste con elegancia, pero Linden, quizás porque el origen del personaje es una serie escandinava, tiene una oscuridad de la que carece la policía inglesa, y atesora unos dotes policiales que la alejan diametralmente de la mujer común que encarna Catherine. Sin dejar de lado el hecho nada baladí de que Linden es bastante más joven.

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Catherine Cawood tiene 47 años, no es agraciada y está a años luz del glamur que gastan las protagonistas con cintura de avispa y pantalones entallados tan frecuentes en la ficción actual. La protagonista de Happy Valley es una mujer auténtica, nada perfecta, ni física ni psicológicamente, y ese derroche de humanidad la convierte en uno de los hallazgos de 2016 y de paso en uno de los pilares básicos que sostienen una serie extraordinaria con el inconfundible sello de calidad de la BBC.

A nivel personal, la sargento tiene una relación convulsa con su hijo, con su ex marido, con el nieto al que ha criado como un hijo e incluso con la hermana que convive con ella. No es una mujer fácil ni ha tenido una vida llevadera, pero no es una víctima ni tampoco una súper policía que alardea de cursos especializados en el FBI y maneja con soltura las nuevas tecnologías. Es una mujer con claros oscuros, luchadora, tenaz, que se derrumba a menudo, y que sin embargo, vuelve a levantarse una y otra vez. Por si todo esto fuese poco, la Cawood corre con dificultad, sin un ápice de ese estilo atlético que caracteriza a las heroínas policiales (¡Con qué gracia corren Beckett, Gibson o Mathison. Y no digamos ya Jane Rizzoli!). Estoy segura de que las mujeres de medio mundo suspiran de alivio cuando la ven resoplar en la pequeña pantalla persiguiendo a un delincuente por las calles del valle, y piensan “por fin una de las nuestras”. Porque la normalidad de Catherine enlaza directamente con la mujer de mediana edad corriente que lleva muchos tiros pegados, y a la que todavía le quedan unas cuantas balas en la recamara. Esa mujer que tiene curvas, y estrías, y también mucho coraje. Esa mujer que el cine ha olvidado porque ya no encaja con el tiránico binomio de belleza y juventud, a menos que sea para relegarla al papel de madre amantísima con un par de escenas entrañables en las comidas familiares.

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Catherine Cawood es, en pocas, palabras, la heroína ordinaria, y ha venido para quedarse.

Las mujeres corrientes del mundo, lo celebramos.

Bienvenida, Catherine. Si no existieras habría que inventarte, pero por suerte eso ya lo han hecho.

 

Susana Hernández

@shernandezbarna

www.susanahernandez.wordpress.com

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(poner aqui si es escritora, periodista etc. )

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