La Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín: Un espacio para libros, lectores y literatura negra.

Sep 20, 2017

OSVALDO REYES

 Una de las primeras cosas que llama la atención al llegar a Medellín, a lo que uno espera es una feria del libro, es el cambio del concepto en todo sentido. La Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín no se realiza en un centro de convenciones o en un espacio cerrado. Es al aire libre dentro del Jardín Botánico de la ciudad. Un gigantesco parque lleno de árboles, áreas verdes y, para la fiesta, carpas llenas de fantasía e imaginación. Veredas con actividades infantiles, cuenta cuentos y canciones. Tarimas para música y bandas en vivo. Pasillos con libros de todo tipo a la venta, editoriales reconocidas a la par de independientes, bajo la cubierta de árboles y hojas.
Si se dieron cuenta, los organizadores no la llaman “Feria”, sino “Fiesta”. El motivo es sencillo. El propósito del festival es promocionar la cultura. Alejarse de lo comercial y, por tanto, el cambio de nombre. Algo tan sencillo, con un significado tan profundo, no puede pasar desapercibido.
Este año tuvieron por primera vez un país invitado (ediciones anteriores se referían a ciudades amigas) y eligieron a Brasil. Una deferencia hacia sus vecinos en recuerdo del accidente que cobró la vida de gran parte del Chapecoense, cuando se dirigían a jugar la final de la Copa Sudamericana contra el Atlético Nacional de Medellín. El verde y amarillo del pabellón de Brasil se erguía en medio de una pequeña plaza, rodeada del sonido del agua correr por los canales que forman parte de la escenografía de esa parte del Jardín Botánico.

Otra curiosidad es que la fiesta está dedicada a un libro y a un autor. Este año el elegido fue Samuel Langhorne Clemens, mejor conocido como Mark Twain y su libro “Las aventuras de Tom Sawyer”. Por todas partes se veían letreros alusivos a su obra y pabellones enteros dedicados al escritor y sus palabras, dirigidos tanto a adultos como a los más pequeños. Un parque de niños en forma de barco de vapor es solo un ejemplo de los muchos que se podían ver en lo que de verdad es una fiesta dedicada al libro y la cultura.

Por supuesto, la literatura negra no se podía quedar por fuera y del 13 al 15 de septiembre se llevó a cabo el VIII Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro, cuya temática central fue la “Paz y la literatura”. Las ponencias fueron el deleite de los participantes, con títulos como “El género negro: entre el pesimismo radical y la utopía ilustrada”, “Policías, bandidos y paz”, “Autopsia teórica de la falacia utópica de la paz en la novela negra hispana” o “

Más allá de la paz: novelas de crímenes perturbadoras del siglo XXI”. Se presentaron dos libros, en uno de los cuales tuve el honor de participar: “Memorias de crímenes. Literatura, medios audiovisuales y testimonios” reúne historias y relatos de los participantes. Mi contribución fue una rememoración del día que Estados Unidos invadió a Panamá. Su nombre “Clave Eco” hace referencia al código utilizado para anunciar la incursión. Lo mejor de todo el Congreso fueron las recomendaciones. Me traje más de una veintena de títulos de libros que no conocía y que iré buscando en la medida que el tiempo y el bolsillo me lo permitan.
Este año tuve el honor de ser invitado a esta fiesta literaria y la oportunidad de reunirme con dos grupos de jóvenes de escuelas de Medellín (el Instituto Educativo San Juan Bosco y el Santa Catalina de Seina). Leyeron algunos de mis cuentos y hablamos de literatura negra, el oficio de escribir y el papel de la lectura en ellos. Llegar a la carpa y encontrar en las paredes letreros sencillos con citas de mi autoría, recibir de sus manos una carta de agradecimiento o una lata de dulces como obsequio, no tiene precio y es una de las tantas razones por las que adoro esa faceta de mi existencia.

 

Para terminar dos días de trabajo y diversión, tuve una conferencia con estudiantes y profesores interesados en el tema “Papel de la literatura negra como herramienta de enseñanza”. Una ampliación mejor sustentada y con más ejemplos de un punto sobre el cual escribí hace un par de meses (https://solonovelanegra.com/la-literatura-negra-como-herramienta-de-ensenanza). Es frecuente ver en los listados de lecturas obligatorias de las escuelas títulos conocidos (los famosos clásicos) y algunos que no ameritarían estar allí por encima de otros. Sin embargo, quitando “Crimen y Castigo”, no verán títulos de literatura negra. El propósito de la conferencia fue mostrarles las oportunidades perdidas al no usar estas herramientas, motivados por una percepción irreal del género. Por pensar que la violencia genera violencia, olvidando que la lectura tiene efectos a nivel cerebral que no son comparables a los propiciados por otras formas de entretenimiento. Al final, quiero pensar que el mensaje llegó y que un grupo de profesores se llevarán esa semilla, la plantarán y propiciarán los principios de un cambio. Que ellos, sus estudiantes y sus padres, empezarán a ver la literatura negra de una manera diferente.

Espacios como la Fiesta de los Libros y la Cultura de Medellín, este año en su decimoprimera edición, tienen su magia. El aire se siente más fresco, los rostros de los visitantes, amantes de los libros, están sonrientes y sus ojos brillan al entrar por corredores repletos de libros. En algún momento leí una opinión sobre los festivales literarios (haciendo referencia a la proliferación de los de temática negra), aduciendo que hay demasiados.
En mi opinión, no hay suficientes. En un mundo utópico, los gobiernos o las entidades con capacidad de toma de decisiones, darían todos los recursos necesarios para incentivar la cultura o para propiciar el amor por los libros.
Es bueno ver que, en algunas partes del mundo, es así.

Texto ©  Osvaldo Reyes – Todos los derechos reservados

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