La novela detectivesca según T. S. Eliot

por | Oct 14, 2016 | Bolox_Ana, Opinión | 0 Comentarios

T.S.EliotAunque conocido por su poesía, T. S. Eliot fue también una autoridad en lo que respecta a la crítica literaria. Muchos fueron los que tomaron sus opiniones y análisis como declaraciones ex cathedra, que en ocasiones llegaron a convertirse en doctrina.

Pues bien, para un representante de la altura de este poeta anglo-estadounidense, no supuso ninguna vergüenza presentarse como un fervoroso aficionado al género policíaco, tan denostado por tantos y con tanta frecuencia. Mucho antes de que las historias detectivescas se pusieran de moda, Eliot era ya uno de sus lectores más entusiastas y, para lo que nos interesa en este artículo, sagaces.

Para él, la novela policíaca, creada por Poe, es algo tan especializado e intelectual como una jugada ajedrecística. Mientras que lo mejor de la ficción detectivesca inglesa se ha confiado menos a la belleza del problema matemático y mucho más al elemento intangible de la naturaleza humana. En “La piedra lunar”, que el propio Eliot definió “como la primera, más larga y mejor de las novelas detectivescas modernas inglesas”, el problema, señala, no se resuelve finalmente gracias a la ingenuidad humana, al menos no por completo, sino por puro accidente. Ya que Collins, el mayor de los héroes de la literatura detectivesca de ficción en Inglaterra, era, como lo fue el Sargento Cuff, falible.

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En la deliciosa lectura que supone el tercer volumen de “La prosa completa de T. S. Eliot”; pueden encontrarse los análisis que el poeta hizo de un gran número de novelas detectivescas y que había publicado previamente, aunque sin firmarlos, en su propio periódico, The Criterion, en 1927. Lo llamativo de estos artículos no es solo el hecho de que un poeta de la talla de T. S. Eliot se interesara por un género tan agraviado como el policíaco, sino el empeño de Eliot en encontrar las reglas que habían de regir la construcción de una novela detectivesca. Unas reglas que fue el primero en enunciar y que resumió en 5:

  1. La historia no debe basarse en el engaño, por muy elaborado que sea. El engaño debe ser siempre esporádico y, desde luego, anecdótico.
  2. La personalidad del asesino los motivos que le llevan a cometer el crimen deberían ser normales. En una historia detectivesca ideal, el lector debería tener la seguridad de que está participando en un juego limpio y se le dan todos los datos necesarios para resolver el misterio por sí mismo. Si el asesino posee una naturaleza excesivamente anómala, lo que en realidad está haciendo el escritor es introduce un elemento irracional que puede molestar al lector.
  3. La historia no debe basarse en ningún tipo de fenómeno paranormal o relativo al ocultismo, o cualquier otro tipo de elemento sobrenatural, ni tampoco debe hacerlo en algún tipo de misterio o descubrimiento absurdo realizado por científicos.
  4. Elaborar un rompecabezas ridículo, por estrambótico, no es acertado. Se Aquellos escritores que disfrutan ideando tesoros escondidos en extraños lugares, documentos cifrados, códigos, runas y rituales deberían moderar sus ansias por este tipo de elementos.
  5. El detective debe ser inteligente, pero no un superhombre. El lector ha de poder seguir sus cavilaciones y especulaciones, y casi, pero no tanto que se adelante, hacerlas al mismo tiempo que él.

Uno de los principios inamovibles a los que debían ceñirse los escritores de novela policíaca de la Edad Dorada era el del Thedetectionclub“juego limpio”. Con él se pretendía que un lector atento pudiera resolver el misterio. Precisamente debido a esta regla y con el fin de establecer parámetros justos a partir de los cuales “jugar”, Eliot formuló la primera de sus normas: los engaños están prohibidos, y la segunda: tanto el asesino como su motivo para matar deben ser “normales”.

Mientras que The Detection Club automáticamente descartaba cualquier ficción detectivesca que violara sus reglas, Eliot no se mostraba tan estricto. Sabía, y así lo dijo, que muchos de los grandes escritores de novela policíaca rompían de vez en cuando alguna de estas reglas, incluidos sus favoritos. De hecho, no tuvo reparos en criticar al mismísimo Doyle por los “elaborados engaños”, “estrafalarios mecanismos” y la “superinteligencia” de su detective, Sherlock Holmes. Una crítica sincera realizada por un gran admirador del novelista británico capaz de recitar de memoria largos párrafos del propio Holmes.

Para alguien entregado a la poesía, ésta no deja de ser una extraña afición. Aunque deja de resultar anómala si tenemos en cuenta que lo que T. S. Eliot más valoraba del género policíaco era su capacidad para expresar la intensidad de los sentimientos y de la experiencia humana ciñéndose a la rigidez de un diseño, una característica que podría también aplicarse a toda creación literaria de ficción y a la poesía.

© Ana Bolox

Profesora, escritora y colaboradora de Solo Novela Negra, Todos los derechos reservados.