Nuestro colaborador JUAN CARLOS ARIAS nos relata casos reales ficcionados que acreditan una realidad que superará a cualquier lector del género negro e hijo de vecino. Los conduce ‘Reyes’, alter ego de J.C. Arias. Tiene agencia en Sevilla, métodos artesanos y contactos ubicuos. Su olfato sólo lo conduce a la verdad. Nunca al dinero fácil, interés de su cliente, lo ‘políticamente correcto’ o lo ‘sostenible’ en una sociedad, la española, a la deriva por corruptos, explotadores y maltratadores que propiciaron el imperio del ‘todo vale’. Quienes causan tales males también visten falda, tienen ovarios, se estrenan con la mayoría de edad entre los más precoces y no se detienen ante lógicas, sentido común y normas que les hacen impunes legal, social y moralmente. Sin más preámbulo, vayamos al grano.

Hoy nos presenta el primer caso del Detective Reyes


 

LISTO ‘PILLADO’

 

Listo_imagenAlgunos casos se complican, parecen laberintos, pero son clásicos de la condición humana. La codicia y pensar que alguien es listo y el mundo mundial tonto es guion de la historia que centra Pepe. Pasen y lean.

Manuela sufre la posguerra española con hambre desmedida. Al habitual se unen ganas de salir de la tristeza vital. Su numerosa familia sólo conoció el rigor de los perdedores. El trabajar por comer.

Paco, el primogénito era osado. Embarcó en cruceros, servía copas y comidas a millonarios en el caribe. Tiró de hermanos para residenciarlos al sur de Florida. Manuela entró en la lista por su fervor viajero. La aventura le llevó a ser mujer-para-todo en una residencia de mayores al sur de Daytona. Allí conoció al que fuera su marido, pero su esterilidad no le hizo madre aunque sí inmensamente rica. Manuela era la ‘tía rica’ en la comarca jiennense donde creció una prole de 9 hermanos.

El dato, viuda sin hijos y rica, no hizo a Manuela generosa. Al revés. Era desconfiada hasta la patología. Su devoción personal era una hermana, Elena, que no se casó, fue limpiadora toda su vida y analfabeta. Mucho respeto tenía Manuela por sus vecinos en la lujosa urbanización donde le pasaba la vida. Helen, la madre, era su hermana postiza. Robert, su hijo, era el que no tuvo.

Manuela enfermó con cáncer fulminante. Al no tener familia estadounidense fue atendida por sus vecinos, especialmente por Robert y Helen. Informaron a la familia española del final de Manuela apenas días antes de su muerte. El entierro fue discreto. Helen, Robert y un par de vecinos más se citaron directamente en el cementerio. El testamento nombra albacea a Robert y la fortuna de Manuela va íntegra para Elena quien la repartirá a su criterio a sus hermanos y sobrinos vivos en función de sus necesidades económicas. Varios millones de dólares albergaba un ‘fideicomiso’ ideado por Manuela para beneficiar a todos sus familiares dejando algo simbólico para el albacea por sus servicios y una limosna para su íntima Helen. El abogado que abrió el testamento tenía orden de asegurar el destino del dinero y supervisar al albacea para evitar que se quedara con parte de la fortuna.

La noticia de la herencia de Manuela desató la codicia entre sus de familiares. El rumor de que eran millonarios puso en vanguardia a un sobrino de Manuela que dirigía sucursal bancaria. Pepe tenía labia, donde de gentes y era capaz de vender hielo a los esquimales. Su empatía para venderles lo que fuera menester a los jubilados añadía profesionalidad al personaje, que además hablaba perfectamente inglés.

Pepe no perdía el tiempo. Logró poderes de Elena y con Notaria amiga urdió su incapacidad mediante declaración jurada de ella misma que avaló un médico, también amigo. Faltaría más!.

Un par de viajes a Daytona de Pepe y su amante [estaba divorciado de su primera mujer harta de sus mentiras] con los poderes sellados en el consulado norteamericano y documentos notariales traducidos al inglés por una intérprete-jurada vencieron la desconfianza de Robert (albacea) y el abogado. Le soltaron dos millones de dólares. Pepe no andó con pequeñeces. Dejó dicho en su viaje a Florida que la testamentaría debería ser tramitada con rapidez ante la indigencia de los familiares españoles de Manuela. Aquella exageración que trufaba con el estallido de la burbuja, paro bestial, déficit público, corrupción etc… que asolan España y en particular la comarca jiennense donde se reparten los mismos tuvo efecto adverso. La desconfianza de Robert y el abogado llegó al clímax cuando descubrieron que Pepe manejaba la cuenta adonde mandaron los dos millones de dólares, aunque su destino era una de Elena.

El albacea decide contratar al detective y Reyes aparece en escena. El encargo era simple. Comprobar el estado mental de Elena, si era cierto que dio poderes a Pepe, si atendía cualquier pregunta y si su cabeza estaba impedida para repartir la millonada de la fallecida Manuela.

Reyes, para el caso, se transformó en comercial de telefonía. Hace años este papel daba juego. Elena, como se temía, estaba como una pera y su cabeza estaba intacta. Era analfabeta pero no era su culpa. Pepe era quien la engañó conduciéndola a una notaría donde una fedataria desalmada hizo lo propio. Pepe estaba allí. Pepe le dio un piquillo a Elena para algún capricho pero Elena desconocía sus manejos.

Más informes, reclamados con urgencia desde Daytona, desnudaron el modus operandi de Pepe. El tipo pensaba jubilarse a lo grande con el engaño que urdió sobre su tía soltera y otra fallecida y millonaria.

El detective, obligado por la ley, denunció las andanzas de Pepe ante la Guardia Civil. Los descendientes del Duque de Ahumada, apabullados por delitos de sangre y violencias mil, archivaron actuaciones tras explicaciones de un Pepe que capaz era de matar al detective que descubrió sus artimañas. Una llamada inapropiada a Reyes aterrizó la prepotencia del estafador que estaba a punto de consumar la fechoría.

El caso terminó al estilo España. Una jueza recién destinada en un pueblito de Jaén sólo vio en la denuncia del detective una pelea de herederos. No vio la falsedad de la notaria, ni las que Pepe urdió en su banco para apropiarse de dineros ajenos.

Como Pepe estaba ‘pillado’ el detective hizo algo más ingenioso. Hizo una llamada que incendió a la totalidad de herederos de Manuela. Finalmente, Pepe tuvo que repartir lo que pensaba quedarse. La justicia y policía terrenal son burocracia en estos temas. Como en casi todos… Esté donde esté, la voluntad de Manuela la ejecutó un pobre detective de provincias. Aquella noche Reyes durmió tranquilo. Un ‘Mojito’ bien cargado de Ron caribeño remató la faena.

 

 

 

© Juan Carlos Arias . Todos los derechos reservados

Criminólogo. Director de la Agencia ADAS. Detective Privado. Conferenciante.

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