LO MAS GORE

LO MAS GORE

LO MAS GORE

por | Ene 9, 2017

 Lo más gore

Por Fernando Gracia Ortuño

 

Lo más goreAquél día acababa de salir de la alcantarilla de un extraño y concurrido antro lleno de maleantes y bribones de todo tipo, todavía extrañado de seguir con vida, alucinando por la cantidad de heridas y magulladuras, y empapado en sangre. Apenas recuerdo alguna cosa de la primera imagen que tuve de ella, después de la pelea, afuera, en el callejón sucio donde se acumulaban las basuras. Sólo algún flash deslizante de su rostro volátil como la niebla en la oscuridad. Y luego el olvido, al despertar en el hospital. No consigo recordar del todo cómo se originó la trifulca para acabar de aquél modo, y esto me confunde. Sólo recuerdo que en un momento dado tomé un cubata de tequila en la barra, observando el ambiente, las luces y lo que hacía la gente riendo, hablando y bebiendo. Por los golpes recibidos en la cabeza soy incapaz de pensar en qué hacía allí, cuál era el motivo de mi visita a aquél antro, ni por qué luego pasó lo que pasó. Estoy en una situación extraña, pues siento como si empezara una nueva vida para mí. Era la primera vez que tomaba tequila, tal vez, supongo, y no lo volveré a hacer más, vistas las consecuencias. Los recuerdos son muy confusos. Pero si me esfuerzo un poco, de todo el confuso caos, puedo recordar vagamente hechos sueltos, apenas conectados entre sí por alguna razón. Me veo como si no fuera del todo yo el que estaba bebiendo tequila en mi ensoñación, como si no me reconociera. Además, creo que nunca me ha gustado, no sé qué debió pasar para que alguien o algo me invitara a tomar aquella bebida tan fuerte. Por eso no me reconozco en aquellas imágenes, en aquellos recuerdos. Me veo haciendo el tonto de pronto, después de varias copas, desinhibido totalmente, voceando y bailando en una tarima que había al fondo, a modo de escenario. Y con todo el estruendo que había, intentar escuchar lo que decían. Curioso, parecía que entendía el significado de lo que decían, en medio del escandaloso parloteo generalizado de voces. En un momento dado, me parece que puedo escuchar lo que la gente dice, lo entiendo perfectamente, o por lo menos eso creo, como si el efecto del alcohol me hubiera dotado de súper poderes y pudiera oír en mi cabeza lo que están hablando cada uno de ellos, y lo que es más, que puedo estar escuchándolos a todos al mismo tiempo. Sabía, eso es, o al menos daba por hecho todo lo que estaba pasando en todo momento, pero lo que había sucedido y lo que desencadenaría el desastre después, ya no lo puedo explicar. Recuerdo que me parecía divertido, conocer los pensamientos de todos los presentes, como si estuviera dotado de poderes ocultos que nadie podría siquiera suponer, como si hubiera comprado el artilugio que anuncian por la tele, el audífono todopoderoso que potencia los sonidos lejanos en el oído, pero que además me explicaba el contexto secuencial individualizado para que pudiera comprender y concretar cada conversación. Porque ya digo: Lo estaba escuchando y entendiendo todo simultáneamente. Cada una de las conversaciones. Como en un mapa general, había trazado en mi mente un argumento para cada mesa, un suceso determinado y único de cada grupito de gente, junto con la historia previa de cada uno. O eso creía. Pero lo que estaba ocurriendo era que me parecía comprenderlas todas estas historias en su contexto. Normalmente a uno le vuelve loco el estruendoso barullo de cientos de conversaciones al mismo tiempo en un local cerrado, y el retumbe es ensordecedor. Y más de una vez sólo el hecho de entrar en un antro de estos, me hacía salir disparado, con el mínimo pretexto, algo que en aquellos momentos, ya sea por el tequila o no sé por qué, no me sucedía. Muy al contrario. Todo aquello en cambio resultaba muy atractivo. Sólo la idea de saber lo que escuchaba en cada caso llamaba poderosamente la atención, y hacía que cada vez prestase más atención a los detalles particulares. De lo que ahora soy plenamente consciente y entonces no, es de que yo no había ido allí con nadie. No había estado siquiera allí antes, así que la encerrona, las hostias a muerte y los sillazos, taburetazos, garrotazos, navajazos y apuñalamientos, no estoy seguro de que no se debieran a lo que veía y escuchaba allí. Por lo visto alguien debió darse cuenta, de que yo lo estaba registrando todo, porque fue a partir de ése momento en que se lio la bulla, y todo el mundo comenzó a darse leña por un tubo, como se suele decir. Ahora que estoy despierto parece absurdo pensarlo, pero por lo menos a nivel del registro de los hechos secuenciales fue así. Fue después de darme cuenta de lo que entendía, cuándo comenzó todo. No me podía creer lo que estaban viendo mis ojos, era mirar y exclamar: “¡Es absolutamente increíble!”. Y luego de pronto el silencio, la nada, y cuando te despiertas y te das cuenta que estás rodeado de paredes blancas en una habitación aséptica, te parece que estaban todos locos, o que habían fumado alguna hierba rara de las islas de Bob Marley. Sí, acabé en el hospital, y ahora esta periodista me busca para hacer un reportaje del suceso, en la sección de crónicas sociales. Le he dicho que seguro fue debido a que yo lo sabía todo, y que era sólo por eso que alguien debió pensar que merecía aquella brutal paliza. Veo que la mujer me mira incrédula, como preocupada por mi estado. Es muy seria y no parece inexperta en su oficio. Sonríe algo cansada, y me dice que ha estado investigando y que todo, por lo visto, se debió a un malentendido, que si vino a entrevistarme es justamente porque todo el mundo me apunta como el responsable que lo inició todo. Esto hace que me ría. Y el sólo hecho de planteármelo, me parece hilarante, el hecho provocador te coge desprevenido, y ella se sorprende. A mí me resulta entonces ofensivo, al ver que ella se lo cree y encima me mira como con receloso y callado respeto. Un curioso malentendido entre dos camareros, le digo, y ella sonríe, sólo un malentendido que hizo que se liaran a hostias en medio del salón de aquella taberna. Los demás se unieron enseguida a los garrotazos, como contagiados por la ira y el alcohol. En un primer momento algunos se habían levantado para separarlos, las buenas intenciones, y yo también lo hice, pero por lo visto no sirvió de nada. Bueno, de hecho, fue peor. Una de estas cosas, matiza, que ocurren muy a menudo en sitios así, cuando se monta una gresca, que los ánimos se caldean por la combinación de un cóctel, un tequila y unas palabras de más, y todo el mundo se une a la vorágine irresistible en cuestión de segundos. Uno, muy ofendido porque no le han traído el tequila como él quería, y otros por intentar simplemente defenderse, los más porque han recibido algún golpe, están tocados y buscan desquitarse con el primero que pillan. No me lo puedo creer, le digo. Por una tontería de nada. Por un vaso roto entre dos camareros, unas palabras altisonantes, unos insultos, y se desencadena el caos. No puedo creer que mis poderes, sean fruto del alcohol nada más. Y que aquí se quede la cosa. Así que, para probarme a mí mismo que puedo leer también sus pensamientos, le pregunto algo. Para hacer la prueba, la miro fijamente a los ojos. Lejos de incomodarse, parece comprender. Y el pensamiento implícito en su mal humor provoca en mí reacciones simultáneas de malos pensamientos. Sé lo que está pensando, le digo entonces que ella me está enviando a freír espárragos justo en ése momento, sí, que me está mandando a la mierda con su pensamiento. Pero en lugar de seguir sus ideas, esboza una sonrisita comprometida. Su respuesta es incrédula y evasiva, sin embargo, como si no supiera qué pensar de aquello tan raro, pero yo sé lo que está pensando, está pensando ahora que estoy loco. Yo sé lo que piensa la gente, incluso ahora, sin tomar tequila. Y lo que pensará ella después, dentro de un rato, cuando llegue a casa y se encuentre a solas. Están todos locos. Nadie, le digo entonces, matizando mis palabras con el índice levantado, y ella se ríe de pronto a carcajadas, y su risa retumba entre estas cuatro paredes mientras deja la habitación.

© Fernando Gracia Ortuño - Todos los derechos reservados

Escritor.

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