LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES – reseña

por | Mar 13, 2016 | Reseñas | 0 Comentarios

Nº de páginas: 672 págs.

Encuadernación: Tapa blanda

Editorial: DESTINO

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788423340446

Palau Noir_Logo

Suecia, 1954-2004) falleció inesperada y trágicamente de un ataque al corazón, días después de entregar a su editor el tercer volumen de la trilogía Millennium y poco antes de ver publicado el primero.
Periodista y reportero de guerra muy conocido como experto en los grupos de la extrema derecha antidemocrática, participó a mediados de los ochenta en la fundación del proyecto antiviolencia Stop the Racism, al que siguió en 1995 la Expo Foundation, de cuya revista Expo fue director. Luchador plenamente comprometido contra todo tipo de violencia, escribió varios libros de investigación periodística acerca de los grupos nazis de su país y de las oscuras conexiones entre la extrema derecha y el poder político y financiero.
Gran lector y entusiasta del género negro y la ciencia ficción, escribía sus novelas por las noches, prácticamente en secreto.  Los hombres que no amaban a las mujeres, ha supuesto un verdadero fenómeno editorial  se han vendido millones de ejemplares.

Sinopsis de la obra

El primer volumen de la Trilogía Millennium

El protagonista de la novela se llama Mikael. Ha trabajado durante mucho tiempo en una revista de sociología y de economía. Ese es su único currículo como «investigador». Sin embargo, en el ocaso de su vida recibe un encargo sorprendente. Un hombre llamado Henrik Vanger le pide que investigue una desaparición que se remonta muy atrás en el tiempo. La de su sobrina, que quizás fue asesinada. En cualquier otro momento de su vida Mikael, que ha sido una auténtica estrella del periodismo, hubiera renunciado, pero éste no es un momento cualquiera. Mikael tiene problemas con la justicia, está vigilado y encausado por una querella por difamación y calumnia. Detrás de la querella está un gran grupo industrial que amenaza con derrumbar su carrera y destruir su reputación. De manera que se hace ayudar por Lisbeth Salander. Lisbeth es una mujer turbadora, incontrolable, socialmente inadaptada, con todas las partes del cuerpo o bien tatuadas o bien perforadas por piercings. Pero tiene extraordinarias cualidades como investigadora, entre ellas una excelente memoria fotográfica y un extraordinario dominio informático que le permitirán encontrar lo inencontrable.

Stieg Larsson con esta su primera novela ha creado una marca y una tendencia en la literatura europea, colocándole en las listas de más vendidos de todo el continente.

Reseña

LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES Y LOS ESCRITORES QUE ACABAN ABURRIENDO A SUS LECTORES. 

He aquí mi más que modesta reseña de las tres novelas en cuestión y ya casi también de su correspondiente exitazo. De modo que llegados a este punto hay que confesar que el primer tomo me sorprendió y entusiasmó. No podía ser para menos, con Los hombres que no amaban a las mujeres arranca la trilogía y con ella la presentación de los dos personajes principales, el de Lisbeth Salander como gran revelación dentro de los cánones de la novela negra, en los cuales el papel de la mujer, con las contadas excepciones en las que éstas se limitan a seguir roles masculinos preestablecidos, vamos, que hacen de inspectoras de policía o investigadoras, y su contrapunto masculinos, el periodista Mikael Blomkvist para lo que nos ocupa. La primera es sin lugar a dudas la que sostiene toda la trilogía, no sólo en la medida que la historia, en especial la de los dos últimos tomos, gira alrededor de ella, sino sobre todo por la sorprendente puesta en escena del muy particular perfil de mujer marginal, antisocial, violenta, todo ello como resultado de de sus gravísimas taras biográficas, infancia desestructurada, maltrato paterno, reformatorio, alcoholismo y flirteos con la locura, o más bien el intento de otros de volverla loca. Todo ello unido a su descripción como una mujer, una joven, menuda, de complexión quebradiza y al mismo tiempo aspecto externo duro, a lo punk si se quiere, mucho tatuaje y piercing, pantalones ajustados, chupa de cuero, pelos en punta y de colorines, la novia que nadie se echaría para llevar a casa de papa o mama, o quizás sí y precisamente por eso. En cualquier caso, la Lisbeth es la revelación de la trilogía con su impredecible y hosco comportamiento, con su portentosa e intuitiva inteligencia, si bien ésta más matemática que emocional, o nada emocional. Luego cada todo tiene su cosita para enganchar al lector, el primero una trama con asesino múltiple de la que no vamos a hablar, la segunda acción por un tubo y sin aliento a cuenta de la Lisbeth y sus complicadas relaciones familiares y administrativas. Y por encima de todo lo anterior encontramos el trasfondo de toda novela negra. En este caso la sociedad sueca como un exotismo a la inversa, el escenario ya no natural de la aventura, el corazón de las tinieblas conradiano, sino la Europa más al norte ya imposible, la sociedad del Bienestar con mayúsculas, cultura y corrección política hasta en la sopa. Y ahí está probablemente una de las principales razones de su éxito, el escenario de la sociedad perfecta, idealizada, sobre el que se mueve todo lo contrario, la corrupción y el crimen a sus anchas, según Mario Vargas Llosa,“una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones como el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas”..
En cualquier caso, el producto funciona, por lo que entiendo y hasta alabo su éxito comercial. Otra cosa es que el tercer tomo resulte un tostón de cuidado, apenas una excrecencia del segundo tomo con el que el autor pretendía cerrar la trilogía o eso parece. Y claro, obligado a aportar las correspondientes casi seiscientas páginas de los anteriores, y probablemente con el tema ya más que agotado, con lo que en este último libro se dedica a estirar hasta el infinito una trama de corrupción ya apuntada en el segundo y a pergeñar un final con juicio de por medio a cuenta de los sucesos también del segundo. Para colmo, la protagonista Lisbeth, y repito que principal atractivo de la trilogía, permanece postrada en cama hasta casi el final del tercer libro, con lo que la escasa acción se limita a personajes secundarios sin el empaque o interés de ésta. La sensación general de esta tercera parte es que el autor tenía que quitársela de encima como fuera, llegar a las seiscientas páginas, y de ahí el estirar todo lo posible y la reiteración constante de la trama por si algún lector ya se había despistado o dormido. En fin, que si al final del segundo tomo hubiera hecho una anotación sobre los resultados de los sucesos, luctuosos, de éste, mejor que mejor, sobre todo para no dar la impresión de que todo lo que tenía que decir ya lo había dicho en los dos anteriores dos tomos.

Resumiendo, una obra perfecta para pasar el rato y de paso para enamorarse de un personaje en concreto. Lo demás, también lo decía el Vargas Llosa en su artículo sobre la trilogía de marras, poca literatura. Yo añado que también poco humor, o nada, uno de los ingredientes fundamentales de todo texto y todavía más de la novela negra, que, paradójicamente, impide tomársela en serio. Porque si se toma en serio, mucho me temo que acabe en bobada, rozando el ridículo incluso. Es por eso que a la hora de frecuentar el género prefiero mil veces a un González Ledesma con su atrabiliario y mordaz comisario Mendez, o al chileno Ampuero con su respectivo inspector igual de figura que el primero, que esta cosa tan de moda, tan rentable, de la novela negra escandinava, ya sea la del fallecido Larsson, asunto que parece ser que todavía le ha añadido más morbo al fenómeno, o un Mankell, que tampoco está mal, pero es que es acabar cualquiera de sus novelas y quedarme como si estuviera en una de sus localizaciones suecas: frío.

© Txema Arinas. Todos los derechos reservados

Escritor, columnista y Corresponsal de S.N.N.