Perfil Criminológico. El Abuelo asesino

Jul 12, 2017

La Zubia| Redacción

PERFIL CRIMINOLÓGICO DE “EL ABUELO ASESINO”

Por Alexandro Aguirre Reyes


Hamilton Howard “Albert” Fish es también conocido como el “Hombre gris”, “El hombre lobo de Wysteria” y posiblemente como “El vampiro de Brooklyn”. Él afirmaba haber abusado sexualmente de más de 100 niños, y fue sospechoso de al menos 5 asesinatos. Fish confesó 3 homicidios que la policía fue capaz de investigar para encontrar al homicida y confesó haber acuchillado al menos a 2 personas más. Fue sometido a juicio por el asesinato de Grace Budd, fue condenado y ejecutado.

Informe psiquiátrico: Psicópata, Caníbal (antropofagia) y Violador, sadismo, masoquismo, castración y auto-castración, exhibicionismo, voyerismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo e hiperhedonismo.

El 11 de Noviembre la señora Budd recibió una carta:

“Querida señora Budd: Hace algunos años, mi amigo el capitán John Davis, zarpó de California hacia Hong-Kong, que por aquel entonces estaba sufriendo los problemas del hambre. Las calles se habían vuelto muy peligrosas para los niños menores de 12 años, pues existía la costumbre de matarlos, cortarlos en pedazos y vender su carne como alimento.

A su regreso a N.Y. robó a dos chicos, uno de 7 y uno de 11 años de edad. Los llevó a su casa los despojó y desnudó y los ató a un armario. Entonces quemó todo lo que ellos portaban. Varias veces cada día y cada noche los azotó —los torturó— para hacer su carne buena y tierna. Primero mató al chico de 11 años de edad porque tenía el trasero más gordo y, por supuesto, una mayor cantidad de carne en él. Cada parte de su cuerpo fue cocinado y comido excepto la cabeza, huesos e intestinos. Fue asado en el horno (todo su trasero), hervido, asado, frito y estofado. El chico pequeño fue el siguiente, fue de la misma manera. Él me decía tan frecuentemente cuán buena era la carne humana, que decidí probarla..

Esa es la razón qué hace unos años yo acudiera a su casa el 3 de Junio de 1928 y con el pretexto de acompañarla a una fiesta infantil que iba a dar mi hermana, me llevara a su hija Grace hasta una casa abandonada de Westcher County, Worthington, donde la estrangulé, la corté en pedazos y comí parte de su carne. No me la tiré. Murió siendo virgen.”

Tras leerla y sufrir un gran shock, se puso en contacto con la policía que tras investigar lograron encontrar la procedencia de la carta, siguieron la pista de Fish, lo arrestaron el 13 de diciembre.

El propio Fish lo reconocería: “No soy un demente, sólo soy un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo”.

Una vez detenido, se confiesa además autor de otros muchos crímenes y demás aberraciones que había estado llevando a cabo durante toda su vida: su deseo irresistible de comer carne cruda las noches de luna llena, que le valdría el apodo de “el Maníaco de la Luna”, sus crímenes más atroces, algún acto de vampirismo como el caso de un niño de 4 años al que flageló hasta que la sangre resbalaba por sus piernas, luego le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el vientre y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además de desmembrarlo y prepararse un estofado con las partes más tiernas.

“…Decidí comérmela. La llevé a una casa abandonada en Westchester en la que me había fijado. En el primer piso me desvestí completamente para evitar manchas de sangre. Cuando me vio desnudo se echó a llorar y quiso huir, pero la alcancé. La desnudé, se defendió mucho, me mordió y me hizo algunos rasguños. La estrangulé antes de cortarla en pedacitos para llevarme a casa toda su carne, cocinarla y comérmela de varias formas (con zanahorias, cebollas y con tiras de tocino) y que consumió durante el curso de las semanas siguientes. No pueden imaginar cuán tierno y sabroso estaba su trasero asado en el horno, tardé nueve días en comérmela por completo”.

Fish confesó que se sentía obligado a torturar y matar niño y que solía actuar siguiendo ordenes divinas de Dios, cuya voz oía frecuentemente. En cuanto a la canibalización, Fish contó “que esos actos le provocaban un estado de éxtasis sexual muy prolongado”.

Desde muy niño se siente atraído por el sadomasoquismo, se divierte infligiendo dolor a los demás y sobre todo a él mismo. Sigue con atención los artículos de crímenes en la prensa, y colecciona sobre todo aquellos de los asesinos en serie caníbales, con los que se siente identificado.

A los veinte años mantiene relaciones homosexuales y ejerce la prostitución homosexual en Washington, en dónde viola a un niño y asesina a su primera víctima.

En esa época comienza a sufrir alucinaciones de tipo religioso y vive obsesionado con la idea del pecado, creyendo que la única forma posible de expiación es a través del sacrificio personal y el dolor.

Él mismo se inflige castigos masoquistas automutilándose, frotando por su cuerpo desnudo rosas con espinas, hundiéndose agujas de marinero en la pelvis y en los órganos genitales, en una ocasión es sorprendido en su habitación completamente desnudo, masturbándose con una mano y con la otra golpeándose la espalda con un palo del que sobresalen unos clavos. A cada golpe grita de dolor, mientras la sangre se desliza por sus nalgas.

Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego por robo, por pago con cheques sin fondos, por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos.

En alguna ocasión afirma ser Jesucristo, que San Juan le habla y que el mismo Dios le ordena cometer sacrificios humanos.

Lo internan tres veces en un hospital psiquiátrico, dejándolo salir al poco tiempo en cada ocasión tras considerar que “no es peligroso ni está loco, sino que simplemente sufre una personalidad psicopática de carácter sexual”.

A pesar de todos estos delitos, la policía neoyorquina tardaría nada menos que seis años para poder inculparlo por asesinato.

“Escuchaba voces que me decían cosas y, cuando no las comprendía todas, trataba de interpretarlas con mis lecturas de la Biblia… entonces supe que debería ofrecer uno de mis hijos en sacrificio para purificarme a los ojos de Dios de las abominaciones y los pecados que he cometido. Tenía visiones de cuerpos torturados en cualquier lugar del Infierno”

También narra la historia de un joven vagabundo al que obligó a realizar toda clase de actos sádicos, masoquistas y coprófagos durante dos semanas, además de cortarle las nalgas en varias ocasiones para beber su sangre. Finalmente intenta cortarle el pene con unas tijeras, pero cambia de opinión al ver el sufrimiento del chico y arrepentido le da diez dólares dejándolo huir.

También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego. Los hijos de Fish contaron cómo habían visto a su padre golpeándose el cuerpo desnudo con tablones claveteados hasta hacer brotar sangre.

Durante el juicio quedó probado que realizó todo tipo de perversiones con más de 100 niños matando además a 15. “Adoro oírlos llorar de dolor”, dijo a sus jueces. Tenía una debilidad por los niños pobres, a quienes violaba y atormentaba durante varios días antes de matarlos.

Se descubrió también su extraño gusto por hacerse daño a sí mismo, uno de sus sistemas favoritos era clavarse agujas alrededor de los genitales. Una radiografía descubrió un total de 29 agujas en el interior de su cuerpo (algunas con tanto tiempo que habían empezado a oxidarse).

En otras ocasiones había intentado introducirse agujas debajo de las uñas, pero no tardó en renunciar a ello cuando el dolor se hizo insoportable. Estas declaraciones acerca de sus víctimas le cuestan a Fish la sentencia de culpable por crímenes con premeditación tras diagnosticarlo psicótico, pero cuerdo.

Albert Fish se llevaría a la tumba su mayor secreto, el número de personas que habría asesinado.

Fue ejecutado el 16 de Enero de 1936 en lo que fue la experiencia más agradable y afrodisíaca que jamás experimentó Fish (acudió a su ejecución entusiasmado en busca de nuevas experiencias).

“Que alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado…”

El abuelo Asesino: abuelito entrañable de más de 65 años, de rostro demacrado, cuerpo encogido y fatigado, cabello y bigote gris, ojos tímidos. Sus vecinos lo consideraban un hombre apacible, religioso, abstemio y amable. Si miran las fotos de Fish, verán que tenía pinta de viejecito adorable, ese abuelo que desearíamos para cualquier niño(a).

Muchos de esos asesinos son, en apariencia,  simpáticos y adorables. Su capacidad para la seducción es vital si quieren que sus víctimas se les acerquen sin sospechar.

El psiquiatra Frederic Wertham lograría sacar a Fish sus confesiones más intimas, que incluían el canibalismo, que durante tiempo se negó a reconocer y fueron sus declaraciones a la prensa las que hicieron enormemente popular el caso.

Siempre defendió la locura de Fish, considerando que el lugar adecuado no era ni el corredor de la muerte ni la cadena perpetua, sino una institución mental de alta seguridad. Wertham acabo por desarrollar un cierto aprecio y respeto por Fish, personalidad compleja y rica para cualquier psiquiatra.

Wertham consideraba que Fish, como todo enfermo, es víctima de su entorno, de su infancia y de las influencias externas, incluidas sus aficiones literarias. Era un pensamiento típico del psicoanálisis freudiano, que niega que la personalidad este programada genéticamente, siendo el motor principal de formación de la personalidad la influencia ambiental durante la niñez y la adolescencia.

Albert Fish tenía una psicosis compensada en forma perversa, las alucinaciones auditivas, en este caso la voz de Dios, le había ordenado el sacrificio de niños, como así también la castración de dos jóvenes. Fue uno de los asesinos seriales más crueles y estremecedores del siglo XX.

texto © Alexandro Aguirre Reyes – Psicoalex. Todos los derechos reservados.

publicación © Solo Novela Negra. Todos los derechos reservados.


 

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