PRELUDIO A LA SIESTA DE UN FAUNO

PRELUDIO A LA SIESTA DE UN FAUNO

PRELUDIO A LA SIESTA DE UN FAUNO

Jul 12, 2017

Sanel Kurbegović.

PRELUDIO A LA SIESTA DE UN FAUNO

por Sanel Kurbegović.

Abrió las ventanas y la luz dejó entrever la decadencia de meses de polvo sobre aquellos montones de libros y papeles. El aire limpio barrió el olor a viejo de la estancia.

El sol radiante firmó de un plumazo su nuevo contrato con la vida, la novela había sido terminada, su calvario también. Chicas en bicicleta paseaban junto al río sin la menor preocupación, conversaban entre pedaleo y pedaleo, reían y sentían la brisa del Miljacka en sus sonrojadas mejillas. En una esquina un músico cantaba Moscanice Vodo Plemenita al son de una vieja guitarra. Profunda y melancólica, llegaba gracias a la brisa con un tono aún más triste a los oídos del viejo escritor. Apoyado en el alfeizar de la ventana, observaba todo sin perder detalle, era su reencuentro con una vida tapiada durante meses por aquellas pesadas cortinas burdeos. El agua bajaba limpia y cristalina lentamente entre los escalones artificiales del nuevo río.

Dejó unos momentos la ventana para prepararse una buena taza de té. De vuelta, sorbo a sorbo acompañaba su mirada hacia esa vida que había seguido con y sin él. En el edificio de enfrente, su viejo amigo Mehmed regaba con mimo sus plantas de la terraza, inmensa como el Amazonas, acogedora como el paraíso. A su izquierda, la joven Anna pintaba desde su estudio sin descanso con los grandes ventanales abierto de par en par y la luz entraba como su invitada de honor. De piedra ennegrecida por el paso del tiempo, aquel edificio podía desprender un halo de pureza que ni siquiera el más blanco de las almas puede tener. En la guardilla, observaba como el joven Talic intentaba componer su gran obra maestra y las notas se le esfumaban como el humo de su eterno cigarrillo encendido…

La señora Snomjci paseaba su pequeño perro por el parque frente al edificio. Ese era el límite de su existencia tras la muerte de su marido hacía ya demasiado tiempo, levantó la mirada de su querido can y sonriendo saludó al francotirador de miradas, que respondió alzando su taza de té. Estaba feliz, todo seguía girando, la luz resaltaba la belleza del mundo, ese que se podía sentir a través de una ventana abierta.

Sin embargo, las ventanas del fabricante de alas de mariposas estaban cerradas a cal y canto. Recordó con una sonrisa en los labios las horas interminables de ajedrez, brandy y discusiones políticas con aquel hombrecillo cuya sabiduría era inversa a su estatura circense. Volvió en sí y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. De repente, cayó en la cuenta que el mundo no se paró para el resto durante sus tres meses de reclusión… Él no era el Mundo, era sólo una ínfima parte de él…¿Qué habrá sido del fabricante de alas de mariposas?. Su mirada se posó en Anna pero ahora, le parecía que la luz no tenía la misma intensidad que antes. Se dio la vuelta y sus ojos quedaron clavados en el manuscrito. ¿Tres meses de vida?-pensó.

Llegó el atardecer y el astro rey se fue escondiendo poco a poco por entre las montañas que rodean la ciudad. Antes del azul marino que antecede la dulce noche, el sol le regaló una paleta anaranjada decreciente hacia un transparente cían. Inmóvil en la ventana, respiró profundamente…“Hay luz en la casa del fabricante de alas de mariposas…”. Soltó la pétrea taza y salió a la calle, el mundo volvió a girar de nuevo…

 Texto © Sanel Kurbegović.  Todos los derechos reservados.

Publicación  © Zubyah. Todos los derechos reservados.


 

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