¡ PUM !

por | Sep 26, 2016 | Relatos, Verdejo_David | 0 Comentarios

Pum_imagenSe acercó, con esa manía de sonreír a modo de preludio para una tormenta. Cuando su nariz rozaba su frente, se detuvo y posó la mano derecha sobre su hombro.

– Vendrás –Dijo con tono paternal, calmado, seco.    – Que lo sé yo.

– Tú no sabes nada –Respondió desafiante.

La mano se deslizó suavemente hasta rozar la elevación del pecho y ella la apartó con desdén. Giró la cabeza en vertical hasta colocar sus ojos frente a los de su contrincante, porque esa era su sensación desde hacía unos años: que aquel hombre era su enemigo. Y así se lo hizo saber.

– No me toques.

– Tengo derecho.

– Me da igual que aprietes los puños, tuerzas la boca o mires por la ventana. Esto se acabó.

Un trueno estalló afuera, tambaleando los cristales de la ventana a la vez que él agarraba los hombros de aquella mujer para hacer lo propio.

– ¡Ahora vas a saber quién soy yo! –Gritó salpicando de furia el rostro de la única persona que le acompañaba aquella noche. Pero ella se zafó con violencia y corrió hasta la estantería mientras él la seguía torpemente hasta que sus pies se clavaron en la moqueta.

– No eres capaz –Susurró mirando el cañón de la escopeta que su padre le regaló hacia unos años y que ella había agarrado con sorprendente rapidez. El brillo plateado de los relámpagos se filtraba por la ventana como flashes de una cámara fotográfica que quisiera inmortalizar un fatal desenlace, inevitable por otra parte. El lado derecho del rostro magullado de la mujer se iluminaba con cada estruendo mientras que el izquierdo del hombre, cubierto por una barba de varios días, hacía lo propio a cada fogonazo.

– No me tientes –Le respondió.

– Eres una cobarde.

– Quieto.

– Sabes que te quiero… que todo lo hago por ti…

¡Pum! Primer disparo. Su hombro derecho se golpeó con la culata pero no consiguió moverla del lugar donde sus pies estaban posados. El hombre se agarró una rodilla que comenzó a cubrir sus manos con sangre brillante a cada relámpago.

– Esto por los primeros besos… –Dijo cargando el arma de nuevo.

¡Pum! Un disparo más, uno en la entrepierna y otro en la rodilla aún sana. El hombre berreaba como un cordero al que están castrando.

– Y esto por los últimos…

– ¡Te has vuelto loca!

Ella escuchó aquella exclamación segundos antes de cargar por última vez aquella escopeta e introducir el cañón en la boca del individuo que se desangraba por minutos. Durante un instante, un sentimiento de lástima se apoderó de ella y pensó solucionar aquel desastre llamando a una ambulancia… todo podría ser como antes pero entonces un relámpago, un último estallido en la tormenta, iluminó la mirada de aquel animal moribundo y supo que no le daría tregua.

¡Pum!

– Tienes razón… me he vuelto loca. –Entonces cargó la escopeta por sorpresa, se apuntó a la barbilla y apretó el gatillo.

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Escritor.

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