¿Que es la novela negra? – Erlantz Gamboa

por | Ene 28, 2017

 

¿ QUE ES LA NOVELA NEGRA ?

Por  Erlantz Gamboa

 

No existe una definición de novela negra que sea compartida por todos los escritores. No hay un axioma como en el caso de novela bélica. Ni siquiera los críticos expertos se ponen de acuerdo en lo que abarca la novela negra. Los franceses opinan que hay tantos ingredientes que hace difícil una enunciación específica. Los americanos no entran en la discusión, porque ellos les ponen a los géneros nombres carentes de lógica. Luego veremos lo de “huevo duro” de Raymond Chandler, si bien él lo aplica a la novela policiaca, más concretamente a los detectives.

Quizá lo más apropiado es basarse en el nombre: “negra”, y elucubrar partiendo de ahí. Tenebrosa, de horror, crimen, misterio… Hay quien dice que se debe llamar así a la historia que presenta casos “oscuros” o personajes “repelentes o abominables”. Eso es más bien novela gótica, aunque también en las de detectives suele haber narraciones que ponen los pelos de punta. Hasta principios del siglo XX, gótico, horror, crimen e investigación iban de la mano, y con el título de “historias o cuentos de terror u horror”. Lo policial comenzó con la etiqueta ”Crime Detective Horror”, antes de tener nombre propio.

Las narraciones de terror, fantasmas y aparecidos estuvieron de moda a finales del siglo XVIII, el XIX y el primer cuarto del XX. Hay que destacar a la inglesa Ann Radcliffe y sus oscuros castillos, 1794, y a Oscar Wilde, sus asesinatos y fantasmas, si bien se hizo famoso gracias al Retrato de Dorian Gray en 1890. Frankenstein, 1818, de la inglesa Mary Shelley. El irlandés Joseph Sheridan Le Fanu incursionó en lo gótico y el misterio desde 1838 a 1872. Drácula, 1897, del irlandés Abraham “Bram” Stoker es la joya del gótico. Es novela famosa La Habitación de La Torre, de 1912, del inglés E. F. Benson. Otro inglés, escritor de terror, fue M. R. James, conocido por sus fantasmas de 1904 a 1925.

Pero también hubo crímenes sin fantasmas, que se incluyeron en “historias de terror”: El Conde Montecristo, 1844, con la venganza de Edmundo Dantés. Y negra y de horror La Mano del Muerto de 1869, del mismo Dumas.

Pero, ¿por qué novela negra? Porque así se les ocurrió a los franceses, que llamaron “noir” al género policiaco literario, aunque primero se lo aplicaron al cine de misterio o crímenes. No estoy muy de acuerdo en que se deba a los relatos publicados en la revista Black Mask, de 1920, porque a éstos no se les llamaba “negros” sino “pulp”. Lo de pulp procede de pulpa de madera “wood pulp”, por el papel barato en que se imprimía. Yo sí recuerdo aquel papel amarillento de las novelas clásicas. Y también el olor. Por esa nostalgia no me gusta lo digital.

Los Pulp Magazines comprendían también lo que en España se llamaron tebeos, es decir historietas con dibujos (comics para los americanos). Por lo tanto, englobaban el bolsilibro (novela) y el tebeo. Muy famosas fueron las novelas de la Serie Negra de Editorial Bruguera.

Si no concuerdo con lo de Black Mask, mucho menos con eso de que a la novela se le bautizó “noir” porque las publicó Gallimard en su Série Noire en 1948. Fue exactamente al revés, y Gallimard copió el nombre. Es más seguro que al género literario se le llamase como a la película “M, el vampiro de Düsseldorf” de 1931, dirigida por Fritz Lang. Al final, la pantalla se desvanece en completo negro mientras se oye: “Todos ustedes”.

A los americanos, que en todo quieren ser los primeros, hay que recordarles que un siglo antes de su Black Mask (1920) existió en El Reino Unido la revista Blackwood’s Magazine, que inició en 1817. Lo de black-wood no se debe al género que publicaba, sino que era el apellido del editor. Pero sí era negra, ya que colaboró Charles Dickens con sus ladrones de cuerpos, caníbales y otras ratas londinenses; e incluso ideó al inspector Bucket en la novela Bleak House (casa sombría o inhóspita). Y también Edgar Alan Poe, con sus emparedados (no sándwiches), péndulos y cámaras del horror. The Iron Shroud (La mortaja de hierro) de William Mudford, de 1830, sirvió para que Edgar Poe se inspirase en El Pozo y el Péndulo de 1842.

Si bien la novela negra o de horror, precursora de las policiacas estuvo en boga en el siglo XIX, hay ejemplos anteriores en los que se traman muertes o se ejecutan, casi del mismo modo que el siglo XX. En La Celestina, de los tiempos de Los Reyes Católicos, ya se trama el asesinato de Calixto. En Otelo, de 1603, se forma un complot para asesinar a Casio.

Volviendo al nombre del género: los italianos en vez de “nero”, negro, dicen “giallo”, amarillo, porque sus primeras publicaciones tenían ese color en las portadas. También las páginas “pulp”.

Los americanos lo denominan “thriller”, y como sucede en casi todo, lo han impuesto mundialmente. El término nació para las películas de suspense de Alfred Hitchcock, y equivale a “que emociona”, porque “thrill” es emoción o entusiasmo. Antes de Hitchcock se conoció el género como “hard-boiled”. Eso significa cocido duro, y se aplica a los huevos (hard-boiled eggs). Pero les dieron esta extraña denominación a los detectives “duros” de Hollywood, que solían caracterizar Humphrey Bogart o Robert Mitchum. Y ya que muchas de las películas se basaban en novelas, éstas también tomaron el sobrenombre.

Hard-boiled referido a la novela no duró mucho, lo mismo que “crime fiction” o “mystery fiction”, más parecido a como se decía entre los aficionados de lengua española: novelas de crímenes o de misterio. El creador de Psicosis se encargó de que “thriller” prevaleciese.

Robert William Chambers (finales del siglo XIX) es acreditado como el pionero americano del género negro en general. Escribió todo lo que era oscuro en su tiempo, incluyendo novelas policiacas. Tenía tendencia a lo paranormal o sobrenatural, terror o suspense, e influyó en muchos famosos escritores posteriores, especialmente en el campo del horror. En sus tiempos, las novelas que luego serían thrillers estaban incluidas en lo que se conocía como Pulp Magazines, por lo de la pulpa mencionada y sus hojas amarillentas. Lo de Pulp Fiction llegó mucho más tarde, y Tarantino se basó en estos magazines para su película. Con este film renació el noir, pero ahora como neo-noir o “black comedy”, y no thriller.

Antes de Chambers, hubo otros que manejaron la novela policiaca, o de investigación de un crimen, si bien circunstancialmente. Hay que destacar al norteamericano Edgar Alan Poe y al inglés Wilkie Collins. Collins escribió La Dama de Blanco en 1859 y La Piedra Lunar en 1868. Como detalle cabe mencionar que, sin ponerse de acuerdo con Chambers, introduce lo sobrenatural en la historia de La Dama de Blanco. No obstante de lo inmaterial, para muchos La Dama de Blanco es la primera novela detectivesca. Otros dicen que ese honor corresponde a La Piedra Lunar. Pero es indudable que, años antes, Poe inventó el detective privado, como luego veremos. También El Misterio de Notting Hill, escrita bajo un seudónimo en 1862, es anterior a La Piedra Lunar de Collins.

Y ya que hemos mencionado a un genio inglés del thriller en cine, hay que recordar a otros parecidos, pero en la literatura. La novela policiaca no nació en Inglaterra, aunque así lo parece. Y eso se debió a escritores británicos de la talla de Agatha Christie o Edgar Wallace. No únicos, pero sí los más famosos entre las dos Guerras Mundiales. Con ellos compitieron los norteamericanos Carroll John Daly, Dashiell Hammett, Erle Stanley Gardner o Raymond Chandler. Fue gracias a éstos creadores de maravillosos detectives que los pulp magazines se dividieron en subgéneros bien diferenciados, por lo que la novela policiaca se alejó del pulp: horror, tenebroso o sobrenatural. Por un tiempo, la novela de detectives tuvo carácter de investigación, deducción e instinto. Hasta que aparecieron los detectives galácticos o por el estilo.

Hay que mencionar como detectives clásicos y modélicos a Sherlock Holmes, Hércules Poirot y Miss Marple, Perry Mason (un abogado que era gran detective), Jules Maigret (del belga Georges Simenon), Father Brown (del inglés G. K. Chesterton), Sam Spade, Race Williams o Philip Marlowe. En Estados Unidos consideran que Race Williams, de Carroll John Daly, o Jim Hanvey, de Octavus Roy Cohen, fueron los primeros detectives privados, porque ambos aparecieron en 1923. En esta consideración se exceptúa a los sabuesos de la policía, que en Londres ya investigaban en el siglo anterior. Pero se equivocan, y también los ingleses, quienes citan a Sherlock Holmes en Estudio en Escarlata de 1887. El detective Auguste Dupin, creado por Edgar Alan Poe (norteamericano), protagoniza Los Crímenes de la Calle Morgue de 1841.

Hay que reconocer que la novela policiaca tuvo su auge tras la primera guerra mundial, si bien Sherlock de Arthur Conan Doyle fue anterior a la conflagración. Los años 20s y 30s fueron llamados “Golden age of detective fiction” (Edad dorada de la ficción detectivesca). En 1920, aparece Poirot en Inglaterra, al igual que la revista Black Mask en Estados Unidos, ambos referentes de este subgénero dentro de lo negro. Edgar Wallace escribió la mayoría de sus obras entre 1922 y 1936. Y los grandes ya mencionados publicaron antes de la Segunda Guerra Mundial.

En España no hubo notorios escritores de novela policiaca en la época dorada, sino después de la guerra civil. Y en Hispanoamérica bastante más tarde. Mencionaré algunos, si bien no soy nada experto en novela negra en español.

En España, Francisco García Pavón crea su detective Plinio en 1953; y Manuel Vázquez Montalbán saca a la luz a Pepe Carvalho en 1972. Cayetano Brulé, del chileno Roberto Ampuero, nace en 1993.  Belascoarán Shayne del mexicano Paco Ignacio Taibo II aparece en 1976. Mario Conde del cubano Leonardo Padura está en activo desde 1991. La también cubana, aunque residente en Estados Unidos, Carolina Garcia-Aguilera, tiene a la detective Lupe Soriano desde 1996. Guadalupe habla inglés de Miami.

Hoy, el “género negro” abarca una serie de subgéneros que si no antagónicos o dispares, al menos sí son bastante diferenciados. Se alistan en “lo negro” tipos como gótico, vampirismo, zombis y todo lo que riegue sangre en profusión. Incluso lo que comenzó con investigación policiaca sobre un crimen, Poe en 1841, ahora se ha convertido en historias surrealistas que se salen de órbita, e incursionan por otras galaxias, como lo que denominan: “Sci-fi action-thriller”, o thriller de acción y ciencia ficción.  Pero eso es otra cosa.

Diferencia de la novela policiaca con otros géneros.

En mi percepción, la novela policiaca se diferencia de otros géneros en la interrelación del lector con la trama. En una novela de otro tipo, el lector no se involucra en la historia; simplemente lee. Deja que el autor le narre o describa, y pacientemente espera a que termine su disertación. En la novela policiaca, el lector intenta adelantarse al escritor, y adivinar el final, descubrir al asesino. Es que no siempre el policía atrapa al criminal, ni tampoco ganan los buenos. Una editora de Costa Rica, al leer una novela mía, me dijo que se suponía que la justicia siempre sale victoriosa. Le respondí que yo vivo en México. Espero que lo haya entendido. Opino que es por lo anterior que la novela policiaca es muy distinta a las otras, porque no son predecibles, al menos si son buenas.

La novela hispana y la anglosajona (americana sobre todo)

Tras vivir 37 años en México, lo europeo me queda un poco lejos. Sin embargo, sí tengo una opinión sobre la diferencia entre lo escrito en español y en inglés americano.

Para comenzar, la mayoría de los americanos, si bien no todos, escriben sobre crímenes en las grandes ciudades, como si en los pueblos no ocurriesen asesinatos. Y ya que la novela se desarrolla en Chicago, Los Ángeles o Nueva York, el protagonista no conoce a nadie fuera de la puerta de su casa. Ni siquiera a los vecinos. En cambio, muchos escritores hispanos meten en sus relatos a la señora de la tienda de la esquina y al dueño del bar a quien siempre el detective le debe algo. Digamos que los que escriben en español tienen “barrio”.

Otra diferencia entre los hispanos y los gringos es el escenario. A la mayoría de los escritores en español se les acaba el mundo al de varios kilómetros. Debe ser por la costumbre de cenar en casa. En cambio, los americanos se desplazan a Paris, Roma o Alaska, como si nada, aunque el homicidio que investigan haya sucedido en Miami. A Dan Brown le encanta llevar a Robert Langdon a Italia, como si en Estados Unidos no hubiese trabajo pendiente.

Lo de que siempre gane el bueno es una característica generalizada en  Estados Unidos. Probablemente su policía resuelve todos los casos (ni en broma). Para los escritores hispanoamericanos lo de ganar los buenos no es una norma, porque basta mirar alrededor para inspirarse. Stephen King es una excepción a la regla, ya que le importa un comino matar a los protagonistas, sean buenos o malos. Él es rey de la “novela negra” no policiaca.

No puedo decir si todos los hispanos copian a los gringos, o no tener familia es algo natural en un detective. Pero para los americanos, el investigador perfecto es divorciado, sin ningún tipo de familia, y vive solo. Muy pocos tienen una mascota. Lo de casi alcohólico quizá se derive de lo anterior.

Otra diferencia es el uso de armas. Para un escritor americano su detective no puede estar mucho tiempo sin matar a alguien. Así que dispara se necesite o no. Aunque haya resuelto el caso, debe meterle un balazo a quien sea, porque para eso tiene licencia de portar armas. Incluso en las versiones gringas de las películas de Sherlock,  éste lleva revólver, algo inusitado en él.

 

Erlantz Gamboa, escritor vizcaino, nacido en Basauri, tiene publicadas numerosas novelas del genero (Asesinato en la isla de los gansos, Caminos Cruzados,El sembrador de tormentas, Mirando desde el puete, Testigo de la defensa) y varios títulos de otros géneros.

 

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