RECORDANDO A JIM THOMPSON

por | May 15, 2016 | Opinión, Ordoñez_Jose Luis | 0 Comentarios

Su homenaje al 1º Aniversario de Solo Novela Negra


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El genial escritor norteamericano colaboró con el cineasta Stanley Kubrick en dos de sus mejores películas (aunque es difícil que esta afirmación no se resquebraje teniendo en cuenta la filmografía del megalómano director de la mítica 2001), en las que aún no se había hecho un nombre en la industria ni había adquirido el prestigio y poder casi ilimitado que en el futuro le permitiría una libertad absoluta en sus films. Sin embargo, en esas dos joyas donde ambos tuvieron ocasión de colaborar, se adivina o se intuye la mano de Thompson en los afilados y precisos diálogos, como en esa pieza maestra del cine negro que es Atraco perfecto (1956), de una modernidad en su ejecución y desarrollo que parece adelantarse a su tiempo, con un brillante Sterling Hayden, retrato perfecto del líder criminal, duro y áspero, exportado por Hollywood, abocado, cómo no, a ese final espectacular, inevitable y capaz de perdurar en las retinas. Pero si magnífica es esta aproximación al noir (que mantiene más de un punto de conexión con La jungla de asfalto, de John Huston), no lo es menos al género bélico con Senderos de gloria (1957), película que ha encontrado su acomodo con el paso de los años hasta convertirse en referencia de estudiosos y cineastas, ejemplo de antibelicismo, ofreciéndonos secuencias deslumbrantes que hoy día siguen ejerciendo su carácter hipnótico (cómo olvidar esos paseos de Kirk Douglas en las trincheras).

Recuerdo ver ambas películas por primera vez en compañía de mi padre en el ya extinto cine Corona Center, oasis del cine clásico en versión original subtitulada, y con especial énfasis Senderos de gloria, porque supuso su estreno en España después de años de sufrir la censura y, a renglón seguido, una inexplicable atrofiada sensibilidad cinéfila que finalmente llegó a su fin con su esperado estreno en 1986. Me sorprendió entonces su fotografía en blanco y negro, sus diálogos, la estructura, la contenida y memorable interpretación de Kirk Douglas (productor del film, y, según él mismo afirmaba, verdadero responsable de que nos llegara el magnífico y duro desenlace, alejado de una primera versión más suave y apta para todos los públicos), y, por supuesto, los últimos minutos de metraje, conmovedores, inusuales, brillantes.

Pero volvamos a Jim Thompson. No es un escritor que le dedique una atención especial al estilo. Ni falta que hace. Apunta a las tripas y te remueve por dentro. Te llega al alma. Supongo que eso hizo a Kubrick (al que se le suele acusar a menudo de ser demasiado frío en sus películas) contar con él en dos ocasiones. Hay que señalar dos obras imprescindibles dentro de su literatura: 1280 almas (novela fascinante desde sus primeras páginas) y El asesino dentro de mí (de la que tuvimos hace unos años una magnífica adaptación por parte del inclasificable Michael Winterbottom).

Alma y cerebro, cerebro y alma, fusionaron sus talentos para crear dos obras memorables que dignifican el séptimo arte y han quedado como monumentos inmortales, a menudo nombrados y citados en libros y documentales, y que sin duda funcionan como una descarga eléctrica, creativa y estimulante en nuestra concepción artística y un puñetazo despiadado a nuestro estómago, haciéndonos así reflexionar sobre lo que es el ser humano, lo que ha sido y lo que puede llegar a ser.

© Jose Luis Ordóñez - Todos los derechos reservados

Filólogo.Guionista.Critico cinematográfico.Escritor.