SE LO DIJE A MI MUJER

por | Abr 7, 2016 | Iriberri_Txema, RELATOS | 0 Comentarios

Txema Iriberri desde su querida Euskadi y en su Eire Taberna, organiza para aficionados torneos de ajedrez, y cuando roba tiempo al tiempo, escribe. Este es un ejemplo.

Solo Novela Negra

SE LODIJE A MI MUJER

 

Se lo dije a mi mujer: “Peor que vivir solo es vivir juntas dos islas”; y como no estoy en edad de hacer amigos, vago sin rumbo fijo, de pueblo en pueblo, de bar en bar.

Di con esta taberna por puro azar. La gente me hizo pasillo al reparar en mi aspecto de mendigo. Como siempre, pedí una cerveza, hablé solo, y luego discutí con el cañero, para que me echaran del local.

Me fijé en la expectación que había en una mesa. La miré de frente, por los dos costados, la remiré. Ella: Tiene la piel más fina y blanca que conozco. Tosí escandalosamente, pero no logré que levantara la cabeza del tablero. El camarero me dijo que era la final, y que el aire de la calle me sentaría bien. Me calmé. Llegué hasta su nuca.

El perfume no era el mismo, el juego sí. Le dije al oído “Me encanta el juego del ajedrez. Me apasiona. Es más, hay muchas noches –igual serán todas- que las paso en blanco, o en blanco y negro, repitiendo –con los ojos abiertos, con los ojos cerrados-, mil y un partidas que sé de memoria; creando combinaciones, o intentando batir el Guinness en dar mate con caballo y alfil, o pensando en nada, que en mí, es ajedrez”. Ni se inmutó.

Cambié de oído: “En mi casa tengo cientos de ajedreces extendidos por las habitaciones, por el suelo…. Yo, con blancas, contra yo, con negras. Tuve tableros hasta en el balcón, pero llegó la devastadora plaga de palomas, y sus microscópicos cerebros de pájaro, confundían mis dominios con los suyos. Y movían las fichas, y defecaban en A5, y en C7…

Quise recordarle aquel día de agosto, en que ella practicó una estratosférica jugada, tan cerca de ser novedad. Aquel día en que tocaron el timbre mil veces, o cincuenta mil, y que no abrió. Cuando llegué a casa, un sudoroso policía todavía timbraba. “Un coche ha atropellado a su hijo” –me informó. Angustiado, le pregunté “¿Está bien?”“Sí, ha quedado bien” –me dijo- “Está en el tanatorio”

.No se alteró. Le quedaban cinco minutos.

Abandoné el bar. Como dijo Kubrick “El ajedrez enseña más bien a evitar errores que a tener ideas”.

Sí, mi mujer y yo somos alfiles de diferente color.


 

© Txema Iriberri. Marzo 2016. Para Solo Novela Negra.

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