TITULO

Datos Publicacion

Nº de páginas: 240 págs.

Encuadernación: Tapa blanda

Editorial: SALTO DE PAGINA – 2015

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788416148165

 

 

Foto y datos del autor

 

Marcelo Lujan_2__Revista HNació en Buenos Aires, Argentina, en junio de 1973.

A principios de 2001 se estableció en Madrid, donde vive en la actualidad.

Autor de los libros Flores para Irene (2004), En algún cielo (2007), El desvío (2007), La mala espera(2009), Arder en el invierno (2010), Moravia (2012), Pequeños pies ingleses (2013) y Subsuelo (2015)
Parte de su obra ha sido traducida a otras lenguas, así como seleccionada en campañas de fomento a la lectura y distinguida con los premios Santa Cruz de Tenerife 2003, Ciudad de Alcalá de Narrativa 2006, Kutxa Ciudad de San Sebastián de Cuento en Castellano 2007 y Ciudad de Getafe de Novela Negra 2009. Obtuvo también la Segunda Mención en el Premio Clarín de Novela 2005 donde se presentaron 1364 originales. Varios de sus cuentos integran antologías de distintos países.

Sinopsis de la obra

Sinopsis Un cuerpo vivo que se cambia por un cadáver. Una piscina. Un flash. El pantano. Y los mellizos, que comparten un secreto del que no parece fácil escapar. Como un murmullo bajo la tierra centenaria, la indiferencia adolescente se puede ver truncada por la calma del agua; apenas un instante dentro de aquella noche que suda veneno. Familia, recuerdos, pasado. Hormigas. Las raíces escondidas que siempre están presentes y tan activas: apretando el músculo de la sentencia. Como el pulso a dos manos que obliga a soluciones suicidas. Como el cordón umbilical que une y separa, que ata y aprieta. Hasta la muerte. Hasta la culpa. Dos veranos son suficientes para que la parcela del valle se convierta en el escenario de una perfecta tortura emocional.

Reseña

SUBSUELO

UNA NOVELA DEL TAMAÑO DE UN GATO

1) El griego define las cosas y los conceptos en forma perfectiva(…) La belleza era considerada uno de los atributos intrínsecos del ser. Aristóteles dice que todo ser, en tanto que es, es bueno, único, verdadero y bello. El universo es Kosmein, de donde deriva Cosmética. Los romanos tradujeron este concepto como Mundi, de donde deriva mundo.  Inmundo es lo contrario a lo que es o debe ser, que no tiene belleza y por tanto razón de ser.

2)Inmundo: Sucio. Asqueroso. Impuro. Aquello cuyo uso estaba prohibido a los judíos por su ley.

La novela comienza con un epígrafe de Lacan que alude a lo inmundo de lo Real. Lo Real, en Lacan, es eso que no tiene lugar, lo insoportable, la cosa, lo que angustia, la inmundicia.

Y continúa ahí, sin apartarse de esa línea ni caer en lugares comunes ni por un momento. ¿Novela negra? Sí, claro, sin policías, sin detectives alcohólicos, sin delincuentes, sin políticos corruptos, sin narcotraficantes, sin rubias fatales.  ¿Hay un crimen? Es discutible. ¿Hay muertos? Sí, y perversos, y gente frustrada, agobiada, abusada, gente que huyó del horror para encontrar más horror. Horror inmundo. Lo Real asoma todo el tiempo, de modo constante, sutil, insistente, diverso. Asoma en la muerte, en hormigas reinas del tamaño de gatos,  en un hormiguero centenario que subyace y se ramifica por todos lados en el subsuelo de la historia, justamente, donde la desmesurada hormiga reina se dedica a parir hormigas e infestar el mundo que se vuelve inmundo. Donde lo Real se muestra sin pausa y con seis patas, y flota en una piscina cargada de historia.  Esa piscina que comienza siendo el corazón de una casa de campo y termina siendo un destino pleno de lógica, que estuvo todo el tiempo delante de las narices del lector y que, estoy seguro, no lo ha notado. Como el inconsciente, que no está en la profundidad, se manifiesta todo el tiempo, y solo hay que saber escucharlo. Me autorizo a hablar de psicoanálisis porque así lo presenta el autor.

Novela bella, pese a las inmundicias que van y vienen y angustian, con un estilo que abreva en la poesía y acaso se lo pueda calificar así, simplemente. Tienta a decir que se trata de un estilo nuevo, algo que sería narrativa poética en la novela negra. Si lo es o no, no puedo decirlo, pero como experiencia de lectura me resultó  diferente a lo que he leído hasta ahora, en este género. Novela oscura, negra sin discusión, poderosa, que avanza despacio, que retrocede despacio, que va y viene  como sus inmundicias y cancela el concepto de tiempo, y en esa cancelación se va resolviendo. Hay un enigma, una pregunta, hay un plan y una resolución. Y esa resolución deslumbra y así, deslumbrado, uno acepta que es lo que debía ser y ninguna otra cosa. Y eso con una belleza que no cede ni empalaga, belleza oscura, que captura como los ojos de una cobra, con detalles inesperados, breves, nunca gratuitos. Una mirada serena que va contando, que adelanta lo que va a suceder un momento después, que luego retrocede décadas y remite a la historia argentina más negra y que, al regresar al presente, acaso al futuro, no ha perdido la calma ni el control de la historia que mantiene su curso, igual que las hormigas que se siguen reproduciendo incontrolables y resisten a los embates de los plaguicidas.  Y, se anuncia, la lucha será terrible y muy tóxica.

Los personajes, algunos, los centrales, son jóvenes, y delineados apenas con pocos, sintéticos trazos, como Dalí o Picasso en el final de sus carreras. No hay ensayo psicológico, sólo observación y una fina escucha de diálogos cortos y contundentes. Los mayores apenas si hablan, de lejos se los escucha  charlar como murmullos, risas, carcajadas, mientras beben. Las mujeres dicen más, pero nunca demasiado. Y está Mabel, la madre de los mellizos, que ha cruzado el Atlántico y huido de una historia que no la abandona y parece volver a brotar como las hormigas en esa aislada casa del valle.

El  Juego de Gerald, de Stephen King, de quien me considero devoto, plantea un escenario comparable: también hay una casa, la casa está aislada, en un bosque, hay perros salvajes en la zona, pero son inofensivos, son sólo perros sin dueño. Y sabemos de entrada que nadie va a venir a molestar a la pareja de cuarentones aburridos que han llegado a revivir la pasión con un juego que propone Gerald: ella está encadenada, desnuda, en la cama, a disposición de él que, antes de hacer nada, se muere. Y ella queda así, sola, desnuda, encadenada,  con el  cadáver del marido a un lado de la cama. Y transcurren los días, nadie viene, y eso es así porque así estaba planificado. Pasa frío, hambre, sed, intenta zafar pero solo consigue lastimarse las muñecas, el juego de Gerald se ha vuelto una trampa de acero. Pide ayuda, grita, llora, vocifera, enloquece pero solo encuentra silencio. Una mañana entra un perro y se lleva a Gerald para comérselo. Porque los perros están hambrientos. Simplemente ingresa porque ha olfateado que no hay peligro y, muy tranquilo, se lleva a Gerald para comérselo en otra parte. Ella no puede hacer nada, solo mirar aterrada como el perro arrastra el cadáver de su marido. Una noche despierta y nota que, en la sombra de un rincón, hay una sombra más negra y que esa sombra la está mirando. Terrible momento de absoluta indefensión ante lo que no se define y tan solo la mira.

Esa novela me hizo despertar gritando.  Una terrible pesadilla que no viene a cuento de nada. Cuando desperté y me calmé, recuerdo haber pensado: “¡Qué buen libro!” Soy muy afecto a este tipo de lecturas. Quizás porque debuté como lector con Edgar Poe es que amo los dos géneros que él desplegó con un genio incomparable: el de terror y el policial, acaso su gran invención.

Hasta que leí SUBSUELO fue mi única experiencia de ese tipo. Ahora tengo dos. Y aunque SUBSUELO no me hizo despertar gritando, recuerdo haber soñado con una casa enorme y algo que estaba ahí, debajo y que al despertar yo supe que sólo podían ser aquellas hormigas. Miles, millones de hormigas que venían a comerse al mundo. Yo estaba angustiado y, otra vez, feliz, pensando que estaba leyendo algo poderoso. La literatura es una forma de locura de la que no quiero curarme nunca.

Creo que una novela que logra meterse en el sueño del lector debe contener una idea potente, un estilo embriagador, implacable, una historia sólida y un final imprevisible y muy, muy lógico. En lo personal, puedo decir que las historias de encierro tienen la capacidad de capturarme como pocas cosas.Todo esto lo encontré en esta irrepetible  historia de Marcelo Luján.

Ganó el Hammett, es argentino, es joven, podría ser mi hijo, pero habla de algo que mi generación vivió con una intensidad que dejó marcas indelebles. Por lo tanto me es familiar, mucho.

Y ya está en las ligas mayores.

Hay que esperar más de Marcelo Luján.

TITULO RESEÑADO POR

© Gustavo E. Abrevaya. Todos los derechos reservados.

Psiquiatra. Escritor