SUPERWOMAN DE PACOTILLA – Reyes #3

por | Sep 21, 2016 | Arias_Juan Carlos, RELATOS, Sin Pistas | 0 Comentarios

Reyes está harto, ya, que lo denuncien para relativizar el peso de sus verdades. Más cansado está de enfrentarse, en juzgados y comisarías, a picapleitos que navegan por temas sin caso, por mentiras sin base. Reyes tiene alergia a empresarios sin escrúpulos, abogados agresivos, sindicalistas lenguaraces, defraudadores compulsivos y jetas insomnes.

Lo del feminismo lo lleva bien. Parte de su clientela son mujeres vulneradas por malos padres, maltratadores y hombres que no merecen tal apelativo. Parece, esto del feminismo, algo serio y respetable. Pero conoció, y de cerca, su cara ‘B’. Esta historia no es para menos.

SUPERWOMAN DE PACOTILLA_imagenRosaura cuando tenía 15 años reventaba de belleza. El pueblo donde vivía exigía liberación personal pues era cárcel para emprendedoras como una mujer de armas tomar. Ella, muy ella, pisaba fuerte pero sabía de límites. Dejó el bachillerato y creyó que su body (no su cuerpo) le resolvería alguna adversidad. El espejo era su cómplice, mirándose una y otra vez. Dicho y hecho. Registró ficha en agencia de modelos e hizo un cursito en capital de provincias donde no hay desfiles pagados a profesionales con book nutrido. Lo que hay son muchos benéficos y las modelos acaban en lo que viene después. De modelo, Rosaura, bajó a azafata. Pero daba igual. Rosaura pedía plataforma, atalaya donde consumar ansias de vivir del cuerpo mientras éste aguantara.

Congresos, micrófonos arriba y abajo, uniforme que resaltaba las curvas y enseñar la puntita de la lengua, insinuante, a algún mirón le llevó a muchas camas sin cobrar, la invitaban a todo. Esto es testar su mercado. Pero encontró presa una noche de blanco satén. Hubo física y química. Un dirigente sindical dijo enamorarse de Rosaura. Y ella se lo creyó…

La contrataron en el sindicato. La nómina tuvo a Rosaura como Oficial, pero ella trepaba, asciende, quiere más. Se topa con otras amantes con nómina del jerifalte sindical con labia de casanova. Todas, especialmente un par de ellas, pactan liquidarla pues el ego de Rosaura no casa con ser discreta. O ser una más, amén de la ‘otra’

Tras juicio-pantomima la despiden. Ella replica y la readmiten. Pero bien lejos, la destinan a otra capital. A los pocos meses vuelven a despedirla del sindicato, por cierto de izquierda y clase. Esta vez se alegan ‘razones objetivas’. Rosaura conoce entonces las colas del paro. Su cotidiano es inventar algo que avale supervivencia de una destronada.

Decide, tras percatarse que su lenguaje sindicalista no tiene éxito, que debe ligarse al vanguardismo. Se reserva el asco al macho en su feminismo de bolso caro. Rosaura mordía el polvo. Aunque le entraron prisas por ser madre. Buscaba por internet, ligaba, chateaba, quedaba, amaba, pero nada serio; nada sabroso ni sustantivo. Un buen día, rememorando la infancia feliz, llamó a su primer novio. Estaba divorciado y no hizo ascos a una belleza como la de Rosaura y unos piquitos inocentes que invitaban a visionar ‘Volver a Empezar’ que encarnaron Antonio Ferrandis y Encarna Paso. El resto era convencerlo para que fuera el padre de lo que viniera.  El hombre dijo sí, pero insistía en ejercer de padre tras su primer fracaso matrimonial. Rosaura le dijo sí para engatusarlo pensaba que ‘no’: ella era autosuficiente. Y muy falsa.

El melón no lo tenía ‘calado’ aquel tipo. Inscribió su paternidad y ver al bebé eran toda clase de problemas. No lo era pagar pañales, potitos, leche maternizada, guardería, ropita, cadenitas…. Rosaura era insaciable atracando al padre de su bebé.

Cuando el padre, harto de la rapiña, pide custodia compartida Rosaura huye, como le dictaba su egoísmo.

Un detective entra en acción meses después. Reyes asumía el reto de localizar a Rosaura y su criatura como algo propio.  La historia que centraba la exsindicalista se la contó una abogada, pues el padre del bebé no estaba para nadie. Llevaba sin ver a su hijo meses y meses. El detective con el viejo truco del paquete (en otro capítulo se contará) dio con el paradero de Rosaura, su bebé y una vida reinventada. Aquella mujer rozaba la prostitución. Algo lejano al sindicalismo feminista.

Rosaura llevó muy mal el golpe del detective y su ilustrado informe donde al bebé se le pixelaba el rostro acorde a normativa. Reyes fue visitado por la policía, tuvo que declarar.  La denuncia de Rosaura inventaba acosos, amenazas de muerte y pistolas de mentira por un Reyes incapaz de matar una mosca.  Al fracaso de tanto frenetismo siguieron actos de conciliación que instaba Rosaura para que Reyes admitiera que cometió delito con su oficio. Per se. Es decir, el binomio detective-delincuente lo proclamaba Rosaura porque ella era lista. Y el detective culpable, o al menos sospechoso de mala praxis. Un reo en potencia.

Nada de lo maquinó Rosaura salió a su gusto. Lloraba un día ante el detective, meses después, de su campaña lamentando no tener dinero para hundirlo. Esta Rosaura era una piltrafa de lo que soñó a los 15 años mirándose al espejo. Reyes recordaba aquellas premonitorias palabras de Germán Areta, aquel detective que encarnó Alfredo Landa en ‘El Crack’ del cineasta José Luis Garci definiendo al sabueso: ‘Trabajo mucho, duermo poco y lo que veo no me gusta…’.

Reyes, como solía, tuvo sueños calientes con Rosaura. Pero fueron platónicos. Una pena! Erró su mente, Rosaura, hacia su ombligo. Averigüen por qué.

 

 

© Juan Carlos Arias . Todos los derechos reservados

Criminólogo. Director de la Agencia ADAS. Detective Privado. Conferenciante.