Entrevistamos a Tatiana Goransky

por | Ene 23, 2017

Guillermo Anderson, periodista y locutor de radio, nos ofrece la entrevista realizada a la escritora argentina Tatiana Goransky para Solo Novela Negra .


 

 

FOTO DE TATIANA GORANSKY POR ALEJANDRA METER

Tatiana Goransky – foto: Alejandra Meter

Nació en Buenos Aires en 1977. Es escritora, dramaturga y cantante de jazz.

Escritora prolífera, empezó a publicar desde joven y se dedicó a explorar diversos formatos y géneros. Comenzó redactando reseñas de películas pornográficas y libros eróticos. Escribió la columna Séxodo (2000/2013). Colaboró en el diario Clarín y diversas publicaciones internacionales para las que escribió en inglés y castellano. Trabaja también como escritora fantasma.

Publicó novelas en Argentina, España y Estados Unidos. Lulúpe María T (Símurg, 2005), ¿Quién mató a la Cantante de Jazz? (Tantalia, 2008/ Suburbano, Estados Unidos, 2013/ Letra Sudaca, 2014/ Cazador de Ratas, España, 2015), Don del agua (Gárgola, 2010), Ball Boy (Milena Caserola / El Octavo Loco, 2013), Los impecables (Comba, España, 2016) y Fade Out (Editorial Galerna, 2016).

Participó en las antologías La Condición Pornográfica (El Cuervo, Bolivia, 2011), Ficciones Súbitas (Ediciones De Aquí a la Vuelta, Argentina, 2014) e Hijas del Horizonte (Compilada por Fernando Marías, España, 2015).

¿Quién mató a la Cantante de Jazz? fue seleccionada por la CONABIP para ser distribuida en más de mil bibliotecas populares y la llevó a participar en los festivales negros de Buenos Aires (B.A.N), Medellín (Medellín Negro), Mar del Plata (Azabache), Gijón (Semana Negra) y Barcelona (BCNegra).


 

ENTREVISTA.

GA- ¿Cuantas novelas tiene publicadas hasta el momento?

TG – Seis. Lulúpe María T (Simurg, Argentina), ¿Quién mató a La Cantante de Jazz? (Editada en varias editoriales en Argentina, España y Estados Unidos), Ball boy (Milena Caserola y El Octavo Loco, Argentina), Don del Agua (Gárgola, Argentina), Los Impecables (Comba, España) y Fade out (Galerna, Argentina).

GA- ¿Cómo es su relación con la novela negra?

TG -Desde que empecé a publicar me moví y me muevo por una variedad de formatos y géneros. Cuando escribí ¿Quién mató a La Cantante de Jazz? la novela negra aún no estaba en su apogeo, al menos no en Argentina. Pero, años más tarde, cuando hubo un resurgimiento del género, la novela fue rescatada y editada por segunda vez. A esa edición le siguieron otras, tanto acá como afuera, y fue entonces cuando ¿Quién mató a La Cantante de jazz? tuvo su verdadera oportunidad. Al libro le fue bien y a mí me pareció interesante seguir probando otras fórmulas. Siempre encontré en las restricciones una gran posibilidad expresiva, la mayor libertad, por así decirlo. Eso que es verdadero para el género negro lo es también para todos los demás. Y, si las reglas no están impuestas por un canon, me las autoimpongo. Lo hago siempre de manera lúdica. Por puro placer.

GA- En su novela ¿Quién mato a la Cantante de Jazz? Hay una predominancia musical ¿cómo es la fusión de la literatura con la música? 

TG -Antes de hablar de la fusión quiero aclarar su parentesco: son dos maneras diferentes de contar historias. Una reclama un aquí y ahora, y una duración de aproximadamente cinco minutos. La otra es de largo aliento. Implica salirse de la temporalidad establecida para fundar un tiempo propio. En una hay que poner el cuerpo en un escenario, en la otra hay que ponerlo en cada uno de los personajes. Pero en ¿Quién mató a La Cantante de Jazz? y en Fade out, encontré la manera de juntar literatura y música en un única construcción no sólo temática sino estructural. Fue un desafío que no estuvo exento de dificultades. La idea no era armar libros que contuvieran temas musicales nombrados al azar, la idea era (a grandes rasgos) lograr un partitura, en el caso de La Cantante, y una carta de amor en formato de playlist, en el caso de Fade out.

GA- ¿Cómo surgen sus temas para la construcción de una novela? 

TG -A veces mis libros nacen a partir de un título, a veces a partir de un personaje, a veces de un primer párrafo, a veces de un clima que se impone, un acontecimiento del que no puedo librarme o incluso de una idea científica. Pero creo que hasta ahora nunca me puse narrar a partir de un tema. No lo descarto, pero aún no he tenido esa necesidad.

GA- ¿Cuáles son sus influencias literarias? 

TG -Crecí leyendo mucho teatro. Supongo entonces que es justo decir que gran parte de mis influencias vienen de ahí. Shakespeare, Stoppard, Pinter, Chéjov, Beckett, Marlowe, las tragedias griegas y después una mezcla heterogénea que podría contener a Puig, Aira, María Moreno, Di Benedetto, Barnes, Irving, McEwan, T.S Eliot, Edgar Lee Masters, Bataille, Cortazar, Borges. Y, por suerte, la lista sigue creciendo.

GA- ¿Cómo evalúa el panorama literario de la novela negra en Argentina? 

TG -Creo que hasta la producción de Walsh, el panorama literario de la novela negra en Argentina estaba pasando por un momento muy interesante. Después vino una especie de corte, con excepciones, claro. Pero, por suerte, en los últimos años se ha revitalizado. Ahora habrá que ver si eso se sostiene o no.

GA – En cuanto a los festivales sobre Novela Negra ha participado de ellos ¿Nota un crecimiento en la escena? 

TG -Tuve la suerte de participar del Medellín Negro, BCNegra, la Semana Negra de Guijón, El Azabache de Mar del Plata y el BAN. En los últimos cinco o seis años la escena del negro creció tan rápido que generó no sólo muchísimos autores nuevos, también un gran intercambio entre culturas. Sin embargo, creo que ha llegado a una especie de meseta, al menos en Argentina. Es, creo, un momento de re evaluación del género. Tanta oferta desbordó el mercado. Ahora hay que darle aire y esperar. ¿Se sostendrán tantas nuevas iniciativas editoriales y festivaleras? Ojalá que sí, pero los lectores dirán. Sin ellos somos sólo un grupo de escritores que se leen a sí mismos. Así, es imposible mantener estas estructuras.

GA- ¿Algún consejo que quiere dejar para los que se inician en la escritura? 

TG -Que no dependan de ninguna tendencia. Que escriban porque no pueden dejar de hacerlo sin perder un espacio vital que les es propio. Que se concentren más en escribir y menos en publicar. La publicación debería servir para dejar corregir, no sólo para acumular títulos o premios. Todo eso puede venir o no, pero la alegría de la construcción de un mundo posible, la intimidad a la que se llega luego de horas de convivir con un texto, eso es un pedazo de paraíso. Creer o reventar.

© Guillermo A. Anderson. Todos los derechos reservados

Periodista y Columnista