The Golden Age: la engañosa quietud de una novela policíaca antibelicista

por | Sep 15, 2016 | Bolox_Ana, Miradas | 0 Comentarios

Septiembre 15_2016La conocida como Edad de oro de la novela policíaca comienza tras la Primera Guerra Mundial y se extiende hasta los años 30, aunque hay quien la alarga un poco más y la hace llegar hasta 1945, justo el final de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque hay escritores norteamericanos cuyos nombres forman parte de esta Edad de oro, son autores británicos los que de verdad integran el grupo y conforman esa manera específica de escribir novela de misterio que, para simplificar, podemos describir como la bucólica historia de un crimen que se comete en una casa de campo, que tanto gustó a Agatha Christie, y que reúne las cualidades esenciales de la literatura policíaca de esta época.

En ella, se plantea un juego al lector, se elaboran complicados asesinatos, siempre hay varios sospechosos, las pistas falsas son habituales mientras que las auténticas siembran la intriga en el interior de una trama intrincada, que normalmente da por sentado que va contar con cierta dosis de ingenuidad por parte del detective.

La novela policíaca de entreguerras es una novela que se caracteriza por la lengua educada que utiliza, el respecto a las convenciones sociales y el reducido círculo de personajes que toman parte en la historia, además de por ser una novela que siempre resuelve el misterio propuesto. En ella, todo parece perfectamente calculado para que ni una sola línea de la historia esté fuera de su sitio. El universo de ese reducido círculo de personajes se ha venido abajo con la irrupción de un crimen, pero la vida debe continuar y ha de hacerlo, además, con ese savoir-être que se espera de ella. Los modales, las formas, las costumbres han de mantenerse y respetarse, al menos de puertas hacia fuera, porque, bajo esa aparente calma chicha, ruge un oleaje de ansiedad y de profundas disrupciones psicológicas que afectan a los personajes, seres vivos con emociones más profundas y vívidas, desde luego, que las que aparentan a simple vista.

Como lo es, de igual forma, el alcance de sus historias, tan costumbristas y “de casa” en apariencia, pero que, sin embargo, surgen a raíz de una profunda aversión a la guerra y al anonimato y soledad a que conduce la muerte en un campo de batalla. El Lord Peter Wimsey de Dorothy Sayers, por ejemplo, es un personaje atormentado por las experiencias vividas en guerra, y el título con el que Sayers dio nombre su primera novela, ¿De quién es ese cuerpo?, nos habla de ese anonimato al que está abocado todo aquel que muere en combate.

La “feminización” que podemos apreciar en el Lord Peeter Wimsey de Sayers y el Poirot de Agatha Christie reposa, precisamente, en sus formas no violentas y en su manera de empatizar con otros personajes. Un modo sutil que ambas escritoras utilizaron para mostrar su oposición a ese héroe de bíceps abultados propio de la guerra.

Una guerra, la de 1914, que había dejado tras de sí un mapa desolado y una población traumatizada. Algo que los escritores de novela policíaca de la Edad de oro combatieron trasladando al lector a una apartada y tranquila mansión en la campiña inglesa en la que, sin embargo, la aparente seguridad no es sino una ilusión. Ese oleaje del que hablábamos antes y del que asegurábamos que rugía bajo una engañosa quietud: las de las pasiones soterradas y las profundidades insondables del alma humana.

© Ana Bolox

Profesora, escritora y colaboradora de Solo Novela Negra, Todos los derechos reservados.