Un hito en la literatura negra colombiana

Un hito en la literatura negra colombiana

Un hito en la literatura negra colombiana

Sep 8, 2017

| EMILIO RESTREPO | Medellín – Colombia

La producción de novela negra en Colombia es más una excepción que una regla y obedece casi siempre a iniciativas aisladas y muchas veces personales que no configuran un movimiento literario como tal, a pesar de que en todo el mundo esté experimentando un nuevo auge, con escritores de oficio y lectores fieles que responden con creces a las expectativas del mercado.

Debemos recordar que la novela negra explora el mundo profesional del crimen, haciendo una disección de su entorno, preponderantemente urbano, profundizando en las características más oscuras y abyectas de la ciudad y de la sociedad. En ella, el objetivo no es solo resolver el crimen, responder a las preguntas del quién y el cómo, sino saber el dónde y el porqué, yendo más allá de lo aparente, dándole la importancia debida a los hechos y cosas que rodean el misterio, recordando que detrás de él, siempre hay unos seres humanos derrotados y en decadencia y otros que se obstinan en aproximarse a la verdad, no importa lo dolorosa que sea o lo que tengan que pagar por ello.

Es por eso que esta colección de Editorial UPB marca un hito: porque apoya la producción local con sagas de personaje, con escritores antioqueños que sin complejos de inferioridad escriben para un mundo globalizado, pintando desde adentro un entorno de ciudad que padecen y conocen, con detectives originales que historia tras historia narran los entresijos de esa urbe despiadada que ruge bajo los pies de una metrópoli caótica e indiferente, con un humor irreverente y una ironía que les da una mirada muy particular.

Por eso es importante la serie POLICÍAS Y BANDIDOS, porque es un esfuerzo coherente y riguroso, porque ya ajusta dos libros de cada uno de los personajes y la idea es que alcancen muchos más, dándoles continuidad a través de las historias contenidas en novelas cortas que privilegian el entretenimiento y la complicidad con el lector.

Por ahora han debutado Memo Anjel, con su ex inspector RAMBERT, que en este volumen resuelve su cuarto caso, esta vez ambientado en el caribe; El fiscal ROSADO, de John Saldarriaga, que hurga en los rincones oscuros de Medellín para resolver el crimen de un teatrero y JOAQUÍN TORNADO, de Emilio Alberto Restrepo, en esta ocasión contratado para investigar el crimen de un futbolista de élite que juega en Europa y que al regresar fue víctima de un atentado.

Por su estructura, por su ambición, por su buen humor en medio de temas tan escabrosos, por la fuerza de sus personajes y la calidad de sus escritores y su constancia, la serie POLICÍAS Y BANDIDOS llegó con fuerza para posicionarse en el medio y dejar huella en el gusto de los lectores.

Un caso de Joaquín Tornado, un detective

Joaquín Tornado es un hombre solo, cínico, sarcástico y en capacidad de resistir un infarto comiendo una empanada grasosa. Lo resiste todo: la mentira, la mirada lacrimosa, la cara hermosa que le hace mohines y la frase que debe entenderse al revés. Y en este nuevo caso, El abrazo de la viuda negra, su carga de adrenalina se agota y la ciudad se revuelve como si entrara en una licuadora3. Matar futbolistas no es correcto, le dice la doble conciencia que tiene el detective.

Una mujer hermosa, un fiscal curtido en crímenes delirantes, un Joaquín Tornado que en ocasiones es casi un demente, son los elementos de esta nueva novela de detectives que Emilio Restrepo entrega a los lectores, ya conocedores del investigador en aventuras previas, de las que uno sale sacudiendo la cabeza.

Emilio Restrepo es médico y, con el corte fino y acertado de quien sabe manejar un bisturí y detectar a primera vista un inicio de peste, ha creado a Joaquín Tornado, un alter ego de nadie, que se mueve por Medellín aguantando calores, trancones, mujeres con las que no logra nada, gente que miente, pero que, ejerciendo la inteligencia de quien es perro viejo es esto del sobresalto, la sospecha y el punto final donde todos se contradicen, ya es memoria de los detectives de la novela negra. Una memoria que contiene en cada aventura un huracán.

Habla Joaquín Tornado
Llevo quince años gastando las calles de la ciudad con mis zapatos. La conozco de memoria, el norte, el sur, los barrios, las lomas. He robado luz a sus neones y decibeles a sus ruidos: en ciertas horas son un rugido y en otras me recuerdan una selva sigilosa, lista para el zarpazo. Me he percatado de sus humos, sus olores y mi piel se ha insolado por el rigor de la canícula del medio día y ha tiritado con la escarcha de sus fríos de madrugada. Siempre descubro algo nuevo, algo sorprendente, algún tipo de maldad desconocida, alguna nueva forma de desplumar al prójimo o de timar al Estado o de brincarse las leyes. He explorado cada rincón, almacén, hotelucho, motel. He violado cerraduras, intervenido teléfonos, mentido con descaro cuando ha sido necesario, al que sea, donde sea, por lo que sea. Tengo una ventaja: paso fácilmente desapercibido, no dejo huellas, nadie voltea una segunda vez a mirarme, puedo estar varias horas en una cafetería y nadie repara en mí. Tengo un aspecto demasiado común. Tanto, que he llegado a pensar que soy invisible. Las miradas me traspasan, mi voz nunca se impone; al chocarse con mi mirada, ningunos ojos se sienten escrutados, ni siquiera oteados por equivocación. Me han presentado un mismo personaje cuatro veces sin que me recuerde. He tropezado con una chica con la que tuve una noche desenfrenada y ni se ha enterado. A una misma oficina he ido simulando ser mensajero, cobrador, cliente en busca de orientación, ciudadano extraviado. Sin hacer mayores cambios en mi aspecto, sin levantar sospechas.

Ningún callejón tiene secretos para mí. Me he deslizado como roedor por sus laberintos, he sido sombra de candiles y farolas, me he refugiado detrás de un sombrero, o mimetizado en los muros llenos de grafitis. Conozco jíbaros, gamines y policías encubiertos. Tengo en mi cabeza referencias de putas, prontuario de chulos, antecedentes de cantineros, costumbres de taxistas y sus vicios más abyectos. Conozco metederos, expendios, sitios de contratación de sicarios, oficinas de blanqueo de cheques, imprentas de dinero-falso, talleres de piratería. Sé donde los inspectores reciben las mordidas, donde los pederastas regatean la carne fresca que gozarán al escondido de sus esposas. Conozco casas de citas, sitios de encuentros y desencuentros, sé quién lee las manos, las cenizas del tabaco, el pasado, el futuro. Quién trae de regreso al ser amado, quién cura con rezos una enfermedad terminal y quién da el número-fijo para ganarse la lotería. He tenido en mis manos el catálogo de los chios y chicas más apetecibles, disponibles cuando salen para el colegio o con los amigos a estudiar; sé cuánto cuesta una noche con la modelo o con la presentadora de moda y cómo hacer el contacto. He estado en las mejores rumbas clandestinas y por estar haciendo un seguimiento, he consumido pastas, poppers, yerba, polvos y toda cuanta porquería entra por boca o nariz. Por las venas no he metido nada, por el contrario, he estado a punto de perder la vida por ellas, cuando una herida ha amenazado con desangrarme.

Entiéndanme, la calle tiene sus peligros. Hay que pisar blandito y andar con cuidado, con los cinco  sentidos, porque si no, uno puede terminar devorado en sus fauces.

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