Una novela más oscura que negra

por | Mar 23, 2016 | Titulares | 0 Comentarios

En ‘Tota la veritat’, de Núria Cadenes, las violencias cotidianas en un pueblo eclipsan al crimen

Una de las gratificaciones que la novela negra da a sus lectores, y que dicen que es uno de los motivos de su éxito, es que a diferencia de la vida real, los culpables siempre son descubiertos y castigados. Usualmente tras una labor de investigación, sea policial o no. Pero un premio de novela negra, como el Crims de Tinta de este año, puede ir a parar a un libro como ‘Tota la veritat’, de Núria Cadenes (La Magrana), en el que puede que todos estos requisitos no se cumplan, o que quizá el crimen y el castigo no sean los que parecen, o incluso que el protagonista esté simplemente ausente. “No se trata de quién ha matado a quién, sino de qué tipo de pueblo es este, qué gente más triste e infeliz; más que una novela negra es una novela oscura, o inquietante”, explica Cadenes.

En ‘Tota la veritat’, que sucede a la aplaudida biografía novelada de Juan March ‘El banquer’, Robert Mascaró, un prohombre con pasado de izquierdas, prestigio incólume y negocios en curso tirando a opacos, aparece muerto en su casa del campo. Su mujer y su hija, traumatizadas, no tienen nada que explicar a la policía.

Mientras policías, asesores y familiares del finado, periodistas y políticos van acudiendo al lugar de los hechos, lo que pesan son las historias que arrastran consigo todos ellos, o los vecinos del pueblo: una anciana que acaba enterrada en el patio de su casa, lo que sucede en un club de prostitución, el coro griego de ancianos que hablan de envenenamientos de jabalís y quién sabe de qué más… Tramas expuestas de forma fragmentaria que dibujan un ambiente y siembran pistas falsas.

“En este libro no quería plantear un crimen y la forma en que, más tarde o más temprano, llegas a la solución a través de la investigación, sino explicar algunas miserias que se han asumido como si fuesen parte del paisaje. Olvidar una muerte porque solo se debió a un ‘mal tanto’, o tener al lado un prostíbulo sin querer saber lo que sucede allí dentro, son cosas que preferimos no mirar porque o nos obligarían a actuar o nos harían sentir mal con nosotros mismos por no hacerlo”, argumenta Cadenes…..

Fuente: EL PERIODICO