Granada 18/12/2015. Redacción.

 

Zarabanda

ZARABANDA

por  MIGUEL SANCHEZ OSTIZ


RESEÑA:

Ya el título de este libro de Miguel Sánchez-Ostiz publicado en 2011, ZARABANDA, promete, puedes estar seguro de que te vas a encontrar lo que desde hace unas cuentas novelas atrás el autor ofrece en grande dosis; jarana, enredos, bulla, comedia bufa. Y es exactamente so lo que encontramos en estas páginas aunque en la presentación se nos hable de la aparición del cadáver de una persona no identificada en una vieja calera de la tranquila localidad de Humberri (la Umbría rural y atlántica del autor), lo que parecería que nos lleva de cabeza a una trama negra, policial. Pero no, el cadáver de marras apenas es una excusa, ni siquiera el hilo conductor, para que los verdaderos protagonistas de la novela, la particular cuadrilla de amigos, se supone, que se reúne en el bar Jai-Alai para darle al vino y al palique, dé rienda suelta a la imaginación con la que procuran llenar sus, por lo que se lee, largas horas de holganza y no poca soledad. Una soledad apenas mitigada por el compadreo en cuadrilla, y a veces, las más, ni siquiera eso. Una manera como otra cualquiera, de hecho la que tienen más a mano porque allí en Humberri, como en cualquier otro rincón pequeño, apretado y apartado, del globo terráqueo, cualquier episodio más o menos extraño que rompe el tedio de la rutina de cada cual da para mucho más de un comentario periódico en mano y copa de pacharán o de lo que sea al lado. En realidad da para toda una novela en la que los que al final se ponen en escena son ellos mismos y no el cadáver con su historia a cuestas o los pormenores de la investigación que sigue a su hallazgo.

De ese modo, he aquí lo que me atrevería calificar de una novela de cuadrilla. Las hay de familias, de gremio, de grupo étnico o minoría religiosa incluso, así que por qué no de cuadrilla. Y es a través de esta cuadrilla de amigos mal que bien avenidos y a los que no parece mantener juntos otra cosa que no sea el entorno en el que viven y la mera inercia de la costumbre, para variar, entre un chato y otro, al calor del roce humano con sus más y sus menos (Se zaherían sin otro motivo que echarle picante a un trato ya muy desgastado -pag.200.), cada uno con su biografía en el zurrón y alguna que otra tara existencial, ejerciendo de observadores de su entorno y sus gentes desde la barrera del Jai-Alai, jugando a cronistas del crimen en cuestión, siquiera ya solo aplicándose al innoble arte del chisme, que el autor, con su habitual maestría en el trazo de personajes, las dosis justas de vitriolo para no convertir la cosa en un simple y cruel desuello de tipos o prototipos, y más ternura y compresión hacia sus propias criaturas de la que podría suponerse por el tono indubitablemente bufo de la historia, nos presenta su particular visión de un mundo y sus gentes que si a algunos nos resultan cercanos lo es única y exclusivamente por una mera cuestión geográfica, puede que hasta demasiado (“A ti habrá que darte dos hostias” le habían dicho en más de una ocasión a Potzolo por beber donde no debía, junto a quien no debía y por provocar con comentarios que resultaban chocantes con ocasión de algún atentado. Lo consideraban antivasquista, sin más, algo que Potzolo no era.). Todo lo demás es tan común al género humano que lo mejor es dejarse llevar por la escritura de MSO y reír o sonreír un rato largo. Que luego ya, cuando después de tanto sonreír toque parar un rato, puede que nos dé también por levantar la cabeza del texto para tomar aire antes de volver sobre lo leído para concluir inmediatamente después que en esa segunda lectura la cosa ya no nos parece tan graciosa. Porque cabe la posibilidad de que en esa segunda lectura veamos algo más allá de la situación o anécdota chusca, la caricatura o el esperpento. Sí, puede que ya no nos haga reír tanto las salidas más o menos ocurrentes de cada personaje o las situaciones definitivamente grotescas en las que se ven envueltos. Porque después de una primera y divertida lectura, es posible que en la segunda todo se nos antoje demasiado certero, cáustico, crónica de más de una miseria humana, de las inevitables en el trato con el prójimo y acaso también en los mundos como Humberri. No pasa nada, con Brueguel o El Bosco sucede tres cuartos de lo mismo. Pero bueno, eso es precisamente lo que a mí más me atrae de los mundos que MSO pone en escena; su manera de hacerlo y la certeza de que no solo proporciona unos buenos momentos de risa y lectura placentera, sino también mucha miga para hacerse pelotillas en el coco.

Y claro, me dirán que siempre pongo a MSO por las nubes. ¿Por qué coño no voy a hacerlo? Soy un incondicional, lo reconozco. Pero es que, además, esto que aquí escribo no tiene trazas de crítica ni por asomo, como que ni me dedico a eso, ni estoy en condiciones de hacerlo. Esto es una simple reseña de una excelente novela en la que su responsable no tiene otro propósito que intentar contagiar al lector de estas líneas su entusiasmo por la novela en cuestión. Por la novela y ya de paso también por la escritura de Miguel Sánchez-Ostiz, premiado, consagrado y muy seguido, sí, pero quizás no tanto como debería en razón de eso que declaraba hace tiempo ya el periodista Hasier Etxeberria y veterano presentador del programa de libros Sautrela de ETB1, en una entrevista al periódico DEIA:

Desde que empezamos Sautrela ha disminuido el consumo de literatura pero se han dado otros fenómenos. El último ejemplo lo tenemos en la literatura nórdica, esa especie de obsesión de todo el mundo por leer los libros de Millenium. Eso te da una idea de cómo está organizado el mundo. La literatura cercana, la próxima, la del pueblo de al lado, la del autor que se llama como tú, pasa desapercibida.

Así que me digo yo, menuda manera de perder el tiempo el de algunos, de perderse lo bueno, de disfrutar de verdad, con todo lo que hay por ahí hecho aquí y con cuánta maestría, y de lo que libros como ZARABANDA es un claro ejemplo.


Reseñas

   Reseña realizada por:

   Txema Arinas_3> Txema Arinas 


Miguel Sanchez Ostiz Miguel Sanchez Ostiz nació en Iruña-Pamplona en Octubre de 1950.

Escritor, autor de novelas, ensayos, poesía, colaborador habitual en prensa, Premio Nacional de la Crítica en 1998 y experto en la obra y figura de Pío Baroja.

Prolifico autor, con mas de veinte novelas, y obras de poesia, asi como recopilaciones de articulos, ensayos y cronicas. Ha prologado numerosos libros. Imparte conferencias y le han otorgado premios.En octubre de 2010 ha recibido el premio Euskadi de Literatura en su modalidad de Ensayo por la obra Sin tiempo que perder (2009).