Categoría: Rodriguez Lezaun_Susana

La puerta del infierno

SUSANA RODRÍGUEZ LEZAUN| Pamplona El inspector paseó la mirada de una mujer a otra. Una era alta, rubia, voluptuosa, de boca grande y pechos poderosos, de esos capaces de dejar embobado a un hombre y hacerle babear con la sola insinuación de permitirle rozarlos. La otra, más menuda, más delgada, menos exuberante, pero con la misma carga erótica que la primera. Las miró sin disimulo. Por un lado, no estaba allí para andarse con remilgos. Había venido a investigar una desaparición, no a presentar sus respetos a las damas. Y por otro lado, esas dos eran prostitutas, ese lugar...

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No asomes la cabeza

  por Susana Rodríguez Lezaun   Se lo dije desde el principio. Expuse mis condiciones con franqueza, sin tapujos, hablando claro en todo momento. Ellos me miraban y asentían, pero en el fondo sabía que no me estaban escuchando. Podía verles mirar de reojo a los móviles que descansaban, falsamente ignorados, sobre la isla de mármol de la cocina. Sonreían y asentían, pero no oyeron ni una sola de mis palabras. Se lo dije. Trabajo de siete a cinco, de lunes a sábado. Libro la tarde del miércoles y el domingo. Pasadas las cinco permaneceré en mi habitación, seré...

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Solo un trabajo

|  SUSANA RODRÍGUEZ LEZAUN  | Sólo un trabajo por Susana Rodríguez Lezaun   Las paredes estaban empapadas de sudor y sangre. Brillantes surcos de vaho condensado serpenteaban entre los goterones rojos, a veces grumos pegajosos, que habían llegado hasta las baldosas desde la boca del prisionero. ―Esto no tiene porqué ser así ―le susurró uno de los tres hombres que daban incesantes vueltas a su alrededor. Sintió su aliento pegado a la nuca, lo que le provocó un nuevo y doloroso escalofrío―. Te lo he dicho ya muchas veces. Dime dónde está tu hermano y saldrás por esa puerta, libre y feliz. Esperó. Todos esperaron. La respiración acelerada, el sudor mojándoles la ropa después de diez horas encerrados en aquel sótano, la puerta cerrada a cal y canto para que nadie entrara, para que nadie oyera. Olía a moho y a meados (el prisionero, un chaval de apenas dieciséis años que entró hecho un gallito y del que apenas quedaban ahora los espolones, había tenido la desfachatez de mearse encima. Recibió su merecido por ello). ―Él no ha hecho nada ―susurró el joven amarrado a la silla de metal. Las palabras escaparon entre los huecos en los que antes estaban sus dientes, que hacía ya un buen rato que yacían en algún rincón de ese suelo putrefacto. ―Mejor me lo pones ―respondió el que parecía el jefe, el que...

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Escrito en Negro – Reseña

Susana Rodríguez Lezaún |   Colgaron a un elefante en Tennessee por matar a un pelirrojo. Le marcaron la jeta a Capone. Jack destripó a una ramera. Paco el Muelas le vendió a un primo un tranvía. Asaetaron a san Sebastián. Mataron al Jaro, que solo tenía un cojón. Al general Galtieri le salió corta la meada. Le hicieron un cuplé a un legionario. William Burroughs le voló la cabeza a su mujer. Norman Mailer acuchilló a la suya. Le dieron lo suyo a Rodney King; le zurraron los pasmas durante ochenta segundos y se volvió loca la jungla. El Lobo Feroz servía de garrafón. El Bizco del Borge miraba torcido y disparaba derecho. Lincharon a dos desgraciados en San José y se forraron los tasqueros. Se cargaron al Ringo en un burdel de Nevada; andaba guapeando a una coja. Perpetuaron el revés de Billy el Niño. En la calle de la Princesa vivía una vieja marquesa. La Dulce Neus enseñó las peras en el Interviú. El general Millán Astray era desmontable. Estamparon camisetas con la cara del caníbal y les pusimos nombres a los monstruos. Siguiendo los pasos de aquellos ciegos que contaban crímenes en las plazas de pueblos y ciudades, pero con los ojos más abiertos y con mucha más documentación, Martín Olmos nos narra con detalle crímenes y criminales, conformando con esta galería todo un compendio...

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Navarra, ¿de repente, negra?

Miguel Izu | Pamplona | Corresponsal Este fue el título de la mesa redonda que se celebró, dentro de la Feria del Libro de Pamplona, el pasado día 1 de junio. Bajo la moderación del librero Patxo Abarzuza intervinieron los escritores Carlos Bassas, Miguel Izu, Carlos Ollo y Susana Rodríguez Lezaun. Miguel Izu | Pamplona | 5 Junio 2017     Sobre el auge actual, desde principios de este siglo XXI, de los escritores navarros y, en particular, de autores que cultivan la novela negra, los participantes estuvieron de acuerdo en que responde a un fenómeno más amplio, aunque es cierto que agudizado en Navarra, donde quizás haya, nacidos o afincados, más escritores que cultivan el género negro per cápita que en otros lugares (además de los presentes, cabe citar a Carlos Erice, Dolores Redondo, Reyes Calderón, Carlos Aurensanz, Maribel Medina, Jon Arretxe, Estela Chocarro, Tadea Lizarbe, Yolanda Almeida, Mikel Alvira, Maite Sota, Iñaki Zabaleta, Alberto Ladron Arana, Aingeru Epaltza, etc.). Miguel Izu señaló que sucede también en muchos otros lugares, antes quien quería abrirse paso como escritor debía irse a vivir a Madrid o a Barcelona, por no decir a Nueva York, pero hoy la facilidad de las comunicaciones hace que se pueda publicar viviendo en cualquier pueblo o capital de provincia, y esa posiblemente es una de las razones por las que hay más escritores en cualquier...

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