LA LITERATURA NEGRA COMO HERRAMIENTA DE ENSEÑANZA

por | Jun 2, 2016 | Opinión, Reyes_Osvaldo | 0 Comentarios

La literatura negra como herramienta de enseñanza_imagen.docxHace 4 años apareció en internet una propuesta educativa proveniente de Japón. Este proyecto conocido como “Cambio Valiente” (Futoji no henko), se basaba en otros programas educativos y proponía romper todos los esquemas conocidos hasta el momento. En resumen, el estudiante no rendiría culto a la bandera o a los mártires de la historia patria, no tendrían tareas y el plan de estudios incluiría cinco materias solamente: aritmética de negocios, civismo, lectura, computación y lenguas. El estudiante al final de los doce años hablaría cuatro idiomas. Estaría familiarizado con las religiones y culturas japonesa, americana, china y árabe. Sería un experto en computadoras y negocios.

Además de todo, crecería en un ambiente donde la lectura formaría parte integral de su existencia. Se les inculcaría el amor a los libros, pero no de forma forzada. Un proceso gradual que empezaría con la lectura de una página al día, para progresar a un libro semanal. La elección del título a discreción del estudiante.

Me encantó el concepto. La idea de que, en una parte del mundo, dejarían de obligar a los estudiantes a leer libros de un listado oficial (muchas veces seleccionados por ser considerados clásicos o por una decisión arbitraria de la autoridad de turno). Estoy seguro que muchos de ustedes se vieron forzados a leer uno (o muchos) libros en la escuela que convirtieron el placer de la lectura en el equivalente de una tortura medieval y sin posibilidades de confesar para escapar del tormento. Por suerte todavía me gusta leer, pero recuerdo algunas de estas asignaciones y no de forma placentera.

Al final todo resultó ser una de las tantas mentiras que se pueden encontrar por internet si no se toman la molestia de revisar la fuente original. Alguien tuvo una idea brillante y la desarrolló para que sonara real. La liberó en el éter y se sentó a ver los resultados. Voces estallaron en favor y en contra. No entraré en esos detalles, pero si les puedo decir que por un momento disfruté del sueño. Mi mente empezó a considerar opciones y una pregunta me asaltó.

¿Qué debía hacer el profesor si el estudiante tenía cierta predilección por las novelas de misterio? ¿Las historias que giran alrededor de la vida criminal o sus consecuencias deberían formar parte de la educación de una mente en desarrollo?

Es una pregunta interesante. Piensen un segundo. ¿En la escuela les asignaron alguna lectura que pudiera ser considerada del género negro? Lo más cercano que recuerdo fue una novela llamada Tom Sawyer detective y creo que tenía que ver más con el autor (Mark Twain) que con la temática.

El género negro siempre fue mal visto y todavía lo es en muchas regiones. Revelar que uno escribe novelas de crímenes tiende, a menos que la persona que reciba la información sea tan fanática como usted, a provocar una mirada con una amplia gama de interpretaciones. Las he visto todas. Lástima, condescendencia, resignación, pérdida de tiempo y una que parece preguntarse si seré una persona peligrosa. Todas me provocan ganas de incluir al dueño de la expresión en mi próximo relato.

La mayor parte del tiempo, lo hago.

Cuando escribí mi primer libro (El Efecto Maquiavelo), una estudiante de secundaria lo leyó y le gustó tanto que cuando en la clase de español le asignaron la tarea de hablar de su libro favorito, decidió usar el mío. Me contactó por medio de las redes sociales. Lo consideré un honor y le di información adicional para que se luciera en su trabajo. Dos semanas después me volvió a escribir para contarme que había presentado y discutido el libro con sus compañeros. Muchos quedaron interesados en leerlo, pero lo que me llamó la atención fue la reacción de la maestra. En pocas palabras le dijo que “dejara de leer esas cosas porque se podía volver loca”.

¿No se supone que uno debe evitar juzgar un libro por su portada (yo agregaría también por el título o la temática)?

Hay estudios que establecen una relación entre los videojuegos y la violencia, pero el comentario de esa maestra parece implicar que lo mismo ocurre con la literatura. Si usted lee novelas del género negro, desarrollará una predisposición hacia la violencia. Pensé que era la opinión de alguien que cometía un error repetido a lo largo del tiempo. Un prejuicio literario. Sin embargo, cuando estuve en Córdoba Mata el año pasado (2015), una participante mencionó que había estudios que establecían esa relación. Me dediqué a revisar el tema (relación entre la violencia y la literatura, las películas y los juegos de video). En primer lugar (y aquí expreso mi opinión como investigador) es muy difícil hacer un estudio con una metodología adecuada que permita establecer esta relación causal con un nivel de evidencia aceptable, en particular cuando nos adentramos en el terreno de la lectura. Tendríamos que tener niños que solo se diferenciaran por los libros leídos y eso sin tomar en cuenta que tienen disponibles en las pantallas de sus televisores imágenes cien veces más violentas. Si se encontrara una diferencia, ¿cómo separar el efecto que tiene la lectura de otros factores externos con igual capacidad de influencia?

Les propongo algo. Dejen de leer en este punto y vayan al televisor más cercano. Pasen los canales del primero al último. Les garantizo por lo menos un espectáculo de sangre disponible, sin importar la hora o día de la semana.

¿Regresaron? Bien, entremos en materia.

Es cierto que hay casos aislados de crímenes inspirados en libros (El guardián en el centeno de J. D. Salinger sirvió de inspiración para que Mark David Chapman asesinara a John Lenon y El Agente Secreto de Joseph Conrad influyó en Ted Kaczynski, el Unabomber), pero la mayoría no son del género negro. Por supuesto, con tanta producción criminal, tiene que haber casos asociados. Post mortem de Patricia Cornwell inspiró un crimen similar en Florida y El jinete pálido de mi mentora Agatha Christie sirvió de base para una serie de asesinatos con talio (por suerte, el libro también sirvió para que una enfermera que lo leyó diagnosticara una intoxicación con talio en un niño, salvándolo de una muerte segura. No todo es malo).

Desde esa misma perspectiva, también hay estudios que confirman que la lectura reduce la violencia en los jóvenes o aleja de la violencia a los que están más expuestos a ella. Según el punto que usted quiera defender, encontrará herramientas para defender sus argumentos. Me pueden acusar de sesgo, pero estoy tratando de ser lo más ecuánime posible. Detestaría enterarme que uno de mis libros sirvió de inspiración para un crimen, pero si usted lee “El Efecto Maquiavelo” y después de terminar decide que quiere estudiar medicina para poder asesinar embarazadas, lamento informarle que el cableado dentro de su cerebro venía defectuoso de fábrica. Para justificar sus acciones igual pudo servirle la Santa Biblia, los cuentos de Edgar Allan Poe, las palabras de Cervantes, Honoré de Balzac o las del gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas.

El profesor Jonathan Gottschall publicó un artículo en Psychology today titulado “¿La violencia ficticia lleva a violencia real?”, donde discute varios crímenes violentos y como respondemos como sociedad ante ellos. Aduce que es más fácil echarles la culpa a los videojuegos, el cine, los libros o el control de armas, que buscar las causas reales de estos crímenes. El profesor Gottschall dice en su artículo:

La idea de culpar a los medios (de la violencia) es vieja y mala. Primero, ¿Dónde trazamos la raya? Si censuramos juegos violentos como Doom, Call of Duty y Halo, ¿qué hacemos con películas igualmente violentas como Salvando al soldado Ryan o clásicos llenos de sangre como la Ilíada de Homero? ¿Deberíamos editar los asesinatos de las obras de Shakespeare?

Helen Thompson, encargada del Comité Nacional del Grupo de Librerías para Jóvenes y principal juez del Carnagie CILIP, el más antiguo y prestigioso premio para libros infantiles del Reino Unido, considera que el grado de inmersión alcanzado al leer una historia es muy superior al que se consigue viendo una película. Esta inmersión es esencial para desarrollar empatía y mientras más jóvenes son los lectores, más capaces son de conseguir este objetivo. El resultado final de incentivar la lectura es una sociedad con miembros emocionalmente inteligentes.

Sin embargo, Thompson nos hace una advertencia. Si el escritor describe actos violentos, lo debe hacer de forma responsable. Debe ser realista y quedar claro que la violencia tiene consecuencias muy reales. No importa si el libro es de fantasía. Lo importante es que quedé marcado en el lector un simple hecho. La violencia tiene un costo (Como dato curioso, el gobierno del Reino Unido incluye en el programa escolar libros como “El cuchillo que me mató” de Anthony McGowan por encima de autores clásicos británicos como Jane Austen. No estoy seguro de considerarlo como del género negro, pero gira alrededor de la violencia. El título creo que es bastante revelador). Bajo esa premisa, la mayor parte de los libros del género cumplen con este objetivo. Hay excepciones, por supuesto. Obras donde el anti héroe triunfa y sale bien librado. Donde el crimen sí paga.

Dejaría estas lecturas para personas con criterios formados.

La triste realidad es que muchos libros capaces de abrir los ojos del lector a una realidad y sus problemas, no están llegando a las personas que de verdad lo necesitan. Incluso, muchos libros evitan ser etiquetados como novela negra para evitar el estigma asociado al mismo. En mi opinión, íconos de la literatura universal deberían ser considerados del género negro. Si han leído MacBeth de William Shakespeare, saben que está plagado de asesinatos y Otelo es un thriller psicológico con todas las de la ley. Como en toda forma de arte, hay buenos y malos libros. La temática y la forma de abordarlo no deben ser motivos para considerar un libro como algo menor.

El título de este artículo fue seleccionado a propósito. Empecemos a hablar de LITERATURA NEGRA. Dejemos de defendernos, justificando que es la forma ideal de crítica social o que es una visión realista del mundo. Sabemos que es todo eso y mucho más, pero no perdamos el tiempo tratando de convencer a los incrédulos.

Como honroso miembro de la literatura universal, debería formar parte de las lecturas permitidas en las escuelas. Es obvio que no puede ser cualquier libro. No solo es cuestión de si es bueno o malo, lo que muchas veces cae en el ámbito de la percepción personal de cada lector. Hay libros entretenidos, pero que no tienen raíces para generar cambios o enseñar algo que pudiera ser considerado de utilidad para un estudiante. Hay novelas que hasta yo consideraría inapropiadas para un menor de edad, pero un buen profesor se tomaría las molestias de averiguar, de no asumir algo en base a un título o portada. El año pasado me enteré que algunos de mis libros no son permitidos en el sistema penitenciario porque podrían incitar a la violencia. Esta decisión la tomaron en base a esos dos elementos y con títulos como “Pena de muerte” o “13 gotas de sangre”, era de esperar.

Si el plan de Futoji no henko existiera, la literatura negra sería perfecta para los objetivos perseguidos. ¿Qué mejor forma de generar una discusión que a través de una historia de nos presente los problemas de nuestra sociedad en toda su cruda realidad? ¿Qué herramienta más útil para desarrollar civismo que esa que nos enseña las consecuencias de nuestros actos como parte de una comunidad, donde todos los miembros están conectados de una forma u otra? Es cuestión de buscar la lectura perfecta.

¿Quieren hablar del conflicto israelí-palestino? Asignen “El maestro de Belén” de Matt Beynon Rees a sus estudiantes. Una historia donde el “detective” es un profesor de primaria palestino que no está de acuerdo con el odio mecánico inculcado desde la infancia a los niños musulmanes y que trata de conseguir que sus estudiantes piensen y analicen. Este profesor llamado Omar Yussef se ve obligado a investigar el asesinato de un mártir palestino cuando uno de sus antiguos estudiantes es acusado de colaborar con los israelíes.

¿Quieren hablar de racismo? ¿Han escuchado de la saga de Emmanuel Cooper de Malla Nunn? En “Un hermoso lugar para morir”, un oficial de la policía judicial de Johannesburgo es asignado a investigar el asesinato de un comisario blanco en los albores del apartheid en Sur África. La autora nació en Suazilandia y fue clasificada por el sistema como mestiza (madre blanca, padre de raza mixta). Vivió en carne propia las discriminaciones y esas vivencias las plasma en sus novelas.

¿El tema es política centroamericana? Pueden usar “Verano rojo” de Daniel Quirós (Costa Rica) como punto de partida para hacer que sus estudiantes investiguen el tema del Irán-Contras y el papel que jugó el antiguo guerrillero Edén Pastora en el conflicto. No es el núcleo de la historia, pero gira alrededor.

Son solo ejemplos. Hay cientos de libros que pueden ser útiles para fomentar el interés del estudiante. Son anzuelos. Algo para atraparlos. Cualquier docente les dirá que si quieren conseguir que un alumno aprenda no pueden forzarlo. Ese es el beso de la muerte. Algunos lo harán, pero es mejor si lo hacen por decisión propia. Si usted escoge la lectura adecuada, ellos buscaran la información necesaria para saber un poco más. Para entender. Se abrirán puertas que permitirán discutir y eso es todo lo que se necesita.

Lo único que les pido es que no se atrevan a hacerlo sin haber leído el libro primero. Sería hacer trampa y la lectura ayuda al desarrollo cerebral, independiente de la edad.

A través de la lectura de lo que pienso empezar a llamar a partir de este momento LITERATURA NEGRA (los insto a que ustedes lo hagan también. El uso de mayúsculas se los dejo a su discreción), pueden estimular alguna de las múltiples inteligencias de sus hijos o alumnos, todo dentro de los beneficios inherentes a la simple lectura.

El problema no es la temática. Es la falta de orientación. Es muy fácil asignar tres o cuatro libros y todos los años hacer las mismas preguntas. Actos como ese destruyen lo que debería ser una experiencia placentera de descubrimiento y pueden perder la oportunidad de ganar un futuro lector. Por si no lo saben, internet está repleto de trabajos de análisis de todos los clásicos (desde ensayos cortos a tesis completas). Esto permite al estudiante sin mucho interés conseguir la información que requiere para pasar (y cuidado que saca una mejor calificación que el estudiante que si se tomó la molestia de leer el libro hasta la última página).

Hasta ahora la LITERATURA NEGRA no ha sido considerada como algo valedero más allá de su capacidad de entretener. Se ha vuelto popular, pero en lugar de catapultar su valor, algunos críticos lo reducen a una temporal forma de diversión para las masas. Escritores que le tienen poco aprecio a este estilo lo consideran una especie de maleza que destruye la verdadera literatura.

Futoji no henko resultó ser un espejismo, pero la Real Academia Española define el fenómeno óptico como una ilusión que hace que objetos lejanos den una imagen más cercana o invertida.  El tiempo nos ha cegado a la realidad. Cuando tenemos un libro en las manos establecemos un binomio lector-escritor. Lo único que importa es la historia que contamos y el efecto que tenga la misma en el que la recibe. La única opinión que debe importar es la de ese lector que decidió invertir su tiempo en el fruto de nuestra imaginación, esperando recibir a cambio un escape de su vida diaria. Si en el proceso enseñamos, orientamos, incentivamos o logramos que se cuestione la realidad, mejor todavía.

Hemos dejado que unos pocos nos digan que debe ser considerado literatura y que un desperdicio de celulosa. Cuál libro es apropiado y cuál un peligro disfrazado en papel y tinta.

Si el espejismo fuera un ente real, ¿qué seriamos nosotros para él?

 

© Osvaldo Reyes - Para Solo Novela Negra. Todos los derechos reservados

Ginecólogo, Obstetra y reconocido escritor de novela negra americano. Columnista y Corresponsal en Panamá de Solo Novela Negra