Redaccion escondida en un lugar sin calor. 22 de Julio 2015.


Uno de nuestros autores preferidos ⇒ OSVALDO REYES de cuando en cuando nos ofrece y descubre aspectos, que por su importancia, debemos tener en cuenta todo aquel que se precie de escritor y no quiera cometer “ciertos errores de bulto”.

Es un verdadero placer poner aqui, el ultimo articulo que llegó a la redacción, hace unos dias, cuya lectura consideramos obligatoria. Nuestro mas efusivo agradecimiento. Y por favor  mientras esperamos vuestros comentarios para hacerselos llegar.


MITOS MÉDICOS EN EL GÉNERO NEGRO, por Osvaldo Reyes

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Dentro de las definiciones de la Real Academia Española para la palabra “mito” se encuentra: “Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen o bien una realidad de la que carecen”. El género negro lidia con el mundo real (hay excepciones por supuesto, pero no son la norma). Esa es la razón por la que es la plataforma perfecta para criticar la sociedad y a sus actores.

Ya mencioné en un artículo previo ( ⇒5 principios básicos de medicina que todo escritor de novela negra debe conocer) algunos detalles de interés que deben tomar en cuenta al momento de poner la pluma sobre el papel (o los dedos sobre el teclado). Sin embargo, hay conceptos que van más allá de lo evidente. Creencias tan arraigadas que se volvieron realidad y son aceptadas por una gran parte de la población (incluyendo médicos) a pesar de no ser más que mitos. La industria del cine los ha perpetuado y enterrado en nuestro subconsciente con tal fuerza que no los ponemos en duda. Estoy seguro que, si hacen memoria, recordarán los libros y películas en las que estos mitos se han utilizado (en algunos como elementos centrales en la resolución del crimen). Hace poco vi una de esas películas (basada en un libro de un reconocido escritor) y la trama me tenía enganchado. Llega la escena final donde todo se revela y en medio del clímax surge… una quimera (definido por la RAE, entre otras cosas, como: “Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo). Pude sentir mi mandíbula desarticularse como la de una serpiente. Neuronas desgastadas en persecución de una verdad que no pasaba de un espejismo. Por ese motivo les dejo a ustedes los tres (3) mitos más frecuentes presentes en nuestro querido género negro con la esperanza que se difunda y con el tiempo, cuando me logre recuperar y la articulación de mi mandíbula regrese a su sitio, pueda disfrutar de un buen libro (o película) sin el temor de tener que acudir al especialista para una reconstrucción maxilofacial.

  1. Los gemelos no tienen huellas dactilares idénticas.

No importa lo que hayan leído o que su mejor amigo/confidente conoce de un caso o leyó en alguna parte lo contrario. La realidad científica es que los gemelos no pueden tener las mismas huellas dactilares (dentro de los límites impuestos por las leyes de las probabilidades, pero eso lo dejo para el final).

Una vez el óvulo es fecundado por el espermatozoide se forma el cigoto. El cigoto se divide de forma constante hasta que aparece el embrión. Si antes de los 15 días de la fecundación ese cigoto se separa en dos, tendremos gemelos (después de los 15, aparecen los siameses). El punto es que estos dos seres comparten el mismo material genético y al nacer serán casi idénticos.

Usé a propósito la palabra “casi”. Las huellas dactilares no dependen de forma exclusiva de los genes. Dependen también de la concentración de ciertas hormonas y factores de crecimiento, pero principalmente de los movimientos del líquido amniótico alrededor de las yemas de los dedos. Considerando que los fetos ocupan posiciones distintas dentro del útero, se mueven independientes uno del otro (a veces tocando partes de su propio cuerpo, lo que moldea más la delicada piel), es casi imposible que puedan ser idénticas.

Sí. Volví a usar la bendita palabra “casi”. Eso es porque uno de los pioneros en esta rama de las ciencias forenses, el antropólogo inglés Francis Galton, publicó un libro en 1892 (Huellas dactilares) en donde propuso 40 rasgos característicos y calculó que las probabilidades de que dos personas tengan huellas dactilares idénticas es de 1 en 64 billones. Por ende, el riesgo es casi irrisorio, mas no puedo decir que sea imposible. Otros investigadores (por ejemplo, el profesor James Murray de la Universidad de Washington) garantizan que las probabilidades son todavía menores.

Cuando Juan Vucetich, croata nacionalizado argentino, diseñó las primeras fichas dactilares del mundo de 23 procesados el 1° de septiembre de 1891 (considerado el Día Mundial de la Dactiloscopia) no tenía idea de lo que estaba creando. Muchos criminales deben sus condenas a este método y por ahora pueden sentirse tranquilos que no serán acusados injustamente (o eso espero) por culpa de las huellas dactilares en una escena del crimen. Mi punto final es que lo mismo aplica a los gemelos y el usar el argumento del famoso “gemelo maligno” no pasa de ser un mito.

  1. Los cadáveres no flotan (o más bien, depende del momento).

Deben recordar la escena de alguna película. El cuerpo flotando en las azules aguas de una piscina, el cabello extendido como un manto. Lamento decir que en el mundo real (con algunas excepciones) eso no es lo que ocurre.

Si usted está en el agua, puede flotar con el simple hecho de respirar y llenar sus pulmones de aire. Con eso se convierte en una gigantesca boya. Ahora, si bota el aire se dará cuenta que a medida que lo expele, su cuerpo empezará a hundirse. Unos cuerpos flotan más que otros (a mayor cantidad de grasa, más flotabilidad. Por el contrario, un cuerpo lleno de músculos se hundirá con más facilidad).

Si tomamos un cadáver, la ausencia de los reflejos respiratorios hará que el cuerpo quede a merced de su propia densidad y siempre el cuerpo humano pesará más que el agua. A no ser que tenga más de cinco litros de aire en los pulmones al morir o arroje el cadáver al Mar Muerto (alta salinidad), el cuerpo de hundirá. Con el tiempo, cuando se disparan los mecanismos de descomposición, el cuerpo se empieza a llenar de gas y regresará a la superficie (pero solo por un tiempo. Tarde o temprano volverá a hundirse y se quedará allí).

Cuando en las películas (me viene a la mente las de mafiosos) lanzan al soplón al mar con un bloque en los pies, eso no impedirá que el cuerpo vuelva a aparecer. La descomposición destruirá los tejidos y se separará de su ancla. Los gases lo sacarán a la vista como cualquier otro cadáver (a no ser que envuelvan todo el cuerpo en cemento. Allí les dejo esa idea por si quieren algún día hacer desaparecer a alguien).

Así que la próxima vez que quieran ahogar a alguien en sus páginas, recuerden que el desafortunado individuo se hundirá primero (el efecto en el papel es más dramático, así que hagan uso del mismo). Si lo quieren sacar a flote después, están en su derecho.

  1. El ADN no es todopoderoso (o el Efecto CSI).

 

El 7 de julio de 2010 se arrestó en Estados Unidos a Lonnie David Franklin Jr. de 57 años, acusado de ser responsable de 10 asesinatos y un intento de asesinato. Cometió la gran mayoría entre 1985 y 1988, tras lo cual se mantuvo inactivo por 14 años. Fue este periodo de inactividad lo que hizo que la prensa lo bautizara como “La Muerte Durmiente” (un juego de palabras en inglés. El apodo fue The Grim Sleeper que se asemeja mucho al de Grim Reaper, con el que se hace referencia a La Parca). Menciono el caso porque David Franklin Jr. fue arrestado gracias al ADN. Dejó en una de sus víctimas suficiente saliva para tener un perfil de su material genético y luego, cuando su hijo fue arrestado por un cargo de posesión de armas y su ADN entró a las bases de datos, la computadora encontró suficiente similitud entre las dos muestras para que el padre se convirtiera en una persona de interés. Uno de los investigadores consiguió una muestra de su ADN de un pedazo de pizza que el asesino descartó y gracias a esto pudieron confirmar su identidad como “La Muerte Durmiente” (música dramática de fondo).

Casos como este elevan el valor del ADN al de una herramienta infalible. Agreguen a la mezcla el efecto que series como CSI (en cualquiera de sus versiones) tienen en la población de televidentes y se podrán imaginar el cultivo de problemas que eso puede germinar. Por un lado, los jurados quieren que los criminalistas sean como en la televisión y que toda la evidencia sea recolectada y analizada acorde a los estándares de Grissom y Caine (CSI Las Vegas y Miami, respectivamente). Esa es otra historia y les dejo un enlace donde se discute el punto con mayor lujo de detalle.

La realidad es que el ADN dista de ser perfecto. Es muy útil (no quiero destruir sus ilusiones), pero tiene sus limitantes. Tomen por ejemplo un caso que se presentó en Nueva Zelanda, donde el perfil de ADN de una víctima de violación se introdujo en la base de datos y la computadora avisó que era compatible con el ADN presente en dos casos de homicidio. Ese hubiera sido el colmo de la ironía, pero resultó ser un caso de contaminación (el mismo laboratorio analizó las tres muestras). Es solo una de las posibilidades. Las otras son: un error de laboratorio o administrativo (en un caso de violación en Las Vegas en el 2001, la persona equivocada fue acusada porque el encargado rotuló mal los tubos); una muestra “plantada” (como fue el caso de Nick Lisoff en Australia. Fue acusado de golpear a otra persona y fracturarle el cráneo, pero los abogados presentaron evidencia que sugería que la sangre presente en su ropa fue colocada en ella después del crimen. El juez determinó que no podía estar seguro más allá de la duda razonable y Lisoff fue dejado en libertad); la muestra fue dejada antes del evento de forma inocente o el perfil del acusado, por pura casualidad, es similar al del culpable (un caso ampliamente documentado ocurrió en Gran Bretaña, donde una coincidencia entre una muestra de ADN y la base de datos nacional estableció una conexión con un caso de robo gracias a un análisis inicial de 6 locus – una probabilidad de 1 en 37 millones (un locus es una posición fija en un cromosoma, como un gen o un marcador genético y es la base para determinar la similitud entre muestras biológicas). Cuando se analizaron 10 locus, no se encontró la similitud mencionada.

A mayor número de locus evaluados, menos probabilidades hay de error. Lo importante aquí es la palabra operativa: Probabilidades. Si un locus en particular es muy raro y existe relación entre dos muestras, las probabilidades son mucho más altas de que su sospechoso sea culpable. Sin embargo, el ADN no puede ser por sí solo la única evidencia para acusar a alguien. Debe haber otros factores involucrados (el sospechoso fue la última persona que habló con la víctima el día del asesinato. Si a este hecho le suma una similitud entre dos muestras de ADN de 1 en 7000, entonces estamos más cerca de la verdad). Si quieren ahondar en el tema, les dejo un enlace sobre la matemática forense del ADN (algo pesado, pero interesante. Además, nunca se sabe que palabra puede disparar toda una historia).

Espero que este artículo les resulte de utilidad. Son mitos muy arraigados en la literatura policiaca y me pareció apropiado romper algunos de ellos. No es que quiera ser aguafiestas y arruinar su trama perfectamente elaborada hasta este momento, pero la realidad es lo que es. Lidiamos con verdades y a no ser que estemos hablando de las decisiones de sus personajes, los grises no entran en la ecuación. Por eso los colores del género son el blanco y el negro (con algo de rojo para rellenar el espacio entre ambos).