¡ Y una botella de ron !, de Ángeles Navarro Peiró

¡ Y una botella de ron !, de Ángeles Navarro Peiró

¡ Y una botella de ron !, de Ángeles Navarro Peiró

Jul 28, 2017

Las Palmas | Miguel Ángel Contreras |

¡Y una botella de ron!

de Ángeles Navarro Peiro

 

A este paso el cadáver va a empezar a oler. El atasco es monumental. ¡Y a pleno sol de julio! ¿Por qué habré sido tan estúpido al tirar por la M-30? Seguro que la M-40 está mucho más despejada. Con estas dos ocurre como con las colas para pagar en el súper: siempre se elige la del atasco. Cuando logre alcanzar la salida de la carretera de Colmenar, solo me quedarán unos veinte kilómetros hasta el descampado donde tengo que arrojar el muerto, cerca de Tres Cantos. Y habrá acabado todo.

¡Vaya con el extraño encarguito que me han hecho! Ni siquiera debía matar al tipo; ya se habían ocupado otros de hacerlo antes.

Qué mal me está funcionando el aire de los cojones. Me he quedado helado, no hay modo de regularlo. Tendré que llevar el coche al taller para que lo miren. Abriré un poco la ventana.

A ese del Toledo le debe de pasar lo mismo que a mí. Los cristales bajados y la radio a todo volumen. ¡Es la voz de la Callas! Cómo me recuerda a mi desastrosa madre. Ella cantaba —cantar es un decir— en un club de alterne; lo hacía en inglés, bueno en su inglés. Pero en casa se desgañitaba porque decía que para lo que realmente valía era para la ópera. Yo me bajaba a la calle en cuanto empezaba a chillar con sus gorgoritos, pero me quedaba alelado cuando se callaba y escuchaba el disco que había puesto «para aprender de la mejor». Ahora vuelvo a quedarme colgado con la Callas de la Casta diva.

¿¡Pero qué coño hace la cretina del Ibiza rojo!? No para de cambiarse de fila, a la caza del hueco; ¿qué va a conseguir, eh? ¿Llegar cinco minutos antes? No te jode. Ni eso. ¡Idiota!, le chillo, aunque soy consciente de que no me puede oír; por eso acompaño las palabras con un gesto inconfundible de la mano. ¡Será imbécil la muy cabrona! Como me roce el Passat se va a enterar la niñata esa.

*

No tenía que haberse pintado las uñas tan tarde. No se le han secado bien; se le está corriendo el esmalte. No se esperaba el atasco a estas horas. Aunque en Madrid cualquier hora es buena para un atasco. Menudo marrón el de esta mañana. Ya le extrañó la hora en la que reclamaron sus servicios. Joder, apenas se había recuperado de la noche anterior. Ni tres horas pudo dormir. Cuando llegó al chalet —qué chulo, cómo molaba, con piscina y todo—, le abrió la puerta el viejo al que tenía que hacer el trabajito. Comparado con otros clientes, no estaba mal del todo. Seguramente debía de cuidarse, aunque, visto lo visto, no lo suficiente. Si no, no se habría quedado tieso al primer asalto.

Cuando lo vio inmóvil en la cama, decidió poner tierra de por medio. Hizo lo que había visto tantas veces en las películas. Frotó con un pañuelo todo lo que había tocado con la esperanza de que no se le olvidara nada. A ella no la iban a cargar con el muerto, ¡por estas!, murmura mientras se besa el pulgar colocado sobre el índice en forma de cruz.

La verdad es que se acojonó un tanto y llamó por teléfono a un madero de la comisaría de Tres Cantos que le debía, y aún le debe, unos cuantos favores —de los que ella hace, se entiende—. El poli le dijo que no se preocupara por nada, que se largara, que confiara en él, que él sabía quién podría encargarse del tema.

Se mira por el retrovisor. Tiene unas ojeras de caballo. El maquillaje tapa bastante, pero no hace milagros. Tendrá que retocarse un poco antes de bajar del coche. Y los labios; también habrá que repasarlos con otra capa de carmín, del que sabe a mandarina. Eso ha pedido el cliente. Rarito debe de ser. Cuando empiezan con exigencias, malo. Con los nervios se ha hecho una chapuza en la cara, ¡maldita sea! Ha quedado en Plaza de Castilla con un tío; espera que sea un tío, aunque vaya usted a saber, con el día que lleva…

¡Será capullo el del Volkswagen! Pues ¿no la está insultando? Se saca un chicle de la boca, baja el cristal de la ventanilla y lo tira. A ver si le da en toda la cara.

*

¡Por Dios, quién puede ser tan guarro! Se le acaba de incrustar un chicle en la luna delantera del Mercedes. Ha pegado un respingo —como si le hubieran estampado la goma de mascar en la cara—, mientras trata de adelantar a un Ibiza rojo. ¡Qué mujer tan vulgar, con esos aros enormes colgando de las orejas! Seguro que el chicle es de ella. Pero no, no se va a amargar el día por eso. Todo está saliendo a pedir de boca, según lo planeado. Por la mañana se encargó de visitar a su tío. Hace tiempo que empezó a practicar esa rutina. Así quedaba como el sobrino solícito que se interesaba por la salud del único pariente vivo —riquísimo por más señas— que conocía. Lo malo es que no se moría ni a tiros y él necesitaba con urgencia la herencia para hacer frente a determinadas deudas. Por eso decidió darle un empujoncito para que dejara este mundo. Logró convencer a uno de sus malditos acreedores, un corredor de apuestas, para que le proporcionara una sustancia que, según le aseguró el individuo, tardaba en actuar un par de horas. Al principio se mostró reacio, pero finalmente cedió ante el argumento de que, en cuanto solucionara él su pequeño problema, le pagaría el doble de lo que le debía. Disolvió los polvos blancos en el zumo de naranja con el que el viejo acompañaba el desayuno. Su tío era un bicho raro que no quería empleados de servicio doméstico alrededor. Una mujer iba a limpiar por las tardes, cuando él salía a dar una vuelta; en cuanto a la comida, solía pedirla a restaurantes cercanos. Pero tenía una gran debilidad: las putas. Por medio del mismo acreedor, muy impaciente ya por cobrar, contrató a una chica para que se presentara en el chalet por la mañana. Si la policía se empeñaba en colgarle el muerto a alguien, que se lo endilgaran a ella.

*

¿Qué hace el descerebrado del Mercedes adelantando al Ibiza de esa manera? Tengo que frenar ¡ya, ya! ¡Que me trago al Seat! ¡Qué golpe me acaba de dar el de atrás! ¡Me cago en todos sus muertos! ¡En los muertos de todos, joder; M-30 de mierda!

A ver dónde están los papeles del seguro. En la guantera, claro. Sí, sí, los veo. ¿Y un boli? También hay uno. No recordaba haberlo puesto ahí. Mira qué bien. Venga, a bajar y a apuntar los datos para el parte.

¡Diablos! La chica del Ibiza se acerca a mi maletero que ¡se ha abierto! ¿Qué coño hago yo ahora? Se queda pasmada, parece que va a empezar a chillar, pero mira alrededor y se calla. Ahí llega también el loco del Mercedes, ¡cómo no! La dicha tiene que ser completa. Abre mucho los ojos y se lleva la mano a la boca.

Mientras tanto la Callas la ha emprendido con otro clásico de los que le gustaban a mi pobre madre: Addio del passato. Si no fuera por lo que es, me pondría sentimental.

Nos miramos y, no sé por qué, nos entendemos sin hablar. Al mismo tiempo colocamos la mano en el capó trasero para cerrarlo. Después nos sentamos encima. La chica saca un paquete de Trident del bolsillo de la falda y nos ofrece. Como si estuviéramos dejando de fumar, lo aceptamos con avidez. Y los tres nos encontramos ahora escuchando La Traviata y mascando un chicle de menta sobre «el cofre del muerto», según diría Long John Silver.

 

Conoce a la Autora de éste relato:

Ángeles Navarro Peiro. Nacida en Madrid. Doctora en Lenguas Semíticas. Docente jubilada, Universidad Complutense. Cuenta con casi un centenar de publicaciones entre libros, artículos, y colaboraciones en obras colectivas, pertenecientes al ámbito académico.

Al jubilarse en 2013, empezó a escribir ficción, lo que considera que es su asignatura pendiente.

Relatos y menciones: 2013 Relato Un rabino a mi derecha, publicado en la antología «Queda la música» (ed. Escuela de Escritores S.L.); 2015 Microrrelato Tuareg, uno de los tres ganadores en II Microconcurso de Cuentos para el andén. Publicado en «Cuentos para el andén», 36; 2015 Microrrelato En blanco y negro, finalista en el VIII certamen de microrrelatos de Getafe Negro; 2015 Relatos El motorista, Estrellita y Llovía, recogidos en la antología «La fiambrera» (ed. Mecenix); 2016 Microrrelato El escriba, finalista en el II Certamen de microrrelato de LasdosCastillas.net.; 2016 Microrrelatos Hello Mr. Parodi  y Tenía todas las respuestas, finalistas en el IX certamen de microrrelatos de Getafe Negro; 2016 Relatos El juego de Agatha, En busca de Mr. Spock y Pajarita, incluidos en la antología «Raíces de tinta» (ed. Diversidad Literaria); 2017 Relato La portera, finalista en el IX Concurso de Relatos RNE-Fundación La Caixa.

En prensa: Libro de relatos La Alejandrina (Ed. Diversidad Literaria)

 

Texto ©  Ángeles Navarro Peiro –  Todos los derechos reservados

Publicación ©   Solo Novela Negra – Todos los derechos reservados


 

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